Bitácoras académicas

En una perspectiva constructivista. las realidades sociales se conciben como construcciones históricas y cotidianas de actores individuales y colectivos. Este entreveramiento de construcc iones plurales, individuales y colec tivas, al no surg ir ne cesariamente de una vo luntad clara, tiende a esca par del co ntro l de los diferentes actores presentes. La palabra construcciones remite a la vez a los productos (más o me no s duraderos o temporal es) de el aboraciones anteriores y a los procesos en curso de ree stru cturac ión . Así pues, la historicidad constituye una idea fundamental para los constructivistas en tres sentidos : 1) el mundo social se co nstruye a partir de preconstrucc íones pasadas; en este puma se sigue a Marx: «Los hombres ha cen su prop ia historia, pero no la hacen arbitrariamente, en las condiciones elegidas por ellos. sino en las condicio nes directamente dada s y heredadas de l pasado»!”. 2) Las formas soc iales pasadas son reproducida s, ap ropi ad as, desplazada s y transfo rmadas al tiempo que se inventan otras, en la p ráctica y la interacción (cara a cara. pe ro tambi én te lefón ica, epistolar, etc.) de la vida cotidiana de los actores. Y 3) esta herencia y este trabajo cotidiano abren un campo de posibilidades para el f uturo, como observa el filósofo Jean Ladri ére: «La acción, en tanto qu e histórica, se sedimenta y se obje tiva en una exterioridad que pesa sobre lo existe nte como un constreñimi ento ineludible y que, no obstante, le ab re un futuro real»!” (Corcuff, Corcuff-P-Las-nuevas-sociologias, 1995:19)

 

Si los mundos sociales exteriores se caracterizan por una relativa diversidad, los mundos interiores también se revelan (más o menos) plurales. (Ibíd., 20).

 

Si las perspectivas constructivistas, tal y como las entendemos aq uí. supon en un momento de deconstrucción –esto es, de cuestionamiento de lo que se presenta como dado, natural, atemporal, homogéneo y/o necesario y/o, después reclaman la investigación de los procesos de construcció n de la rea lidad social. (mom.enu! .de reconstrucción). Decir que una casa es «construida» Significa simplemente que es producto del trabajo humano y que no ha estado ahí durante toda la etern idad; y no que no existe, sino todo lo contrario. Los constructivismos son, por lo tanto, nuevas formas de realismo que se distinguen de las formas clásicas de po sitivismo en que cuestionan lo dado y dejan margen a una diversidad de realidade s cuyas relaciones deben se r objeto de reflexión. (Ibid., 20-21)

 

elias-n-compromiso-y-distanciamiento, el objeto de estudio de la sociologia son los individuos ínterdep endientes. Es en esta perspectiva do nde las ideas de individuo y sociedad pueden recuperar un sentido sociológico, pe ro subo rdinado a la idea de interdependencia : «El concepto de individuo se refiere a hombres interdependientes, pero en singular, y el concepto de sociedad a hombres interdependientes, pero en plural» (Ibíd, 26)

Hablar de dependencias recíprocas no equivale necesariamente a hablar de relaciones iguales o equilibradas. Aunque son concebibles interdependencias basadas en intercambios equilibrados, las configuraciones analizadas por Elias se caracteriza n en general por la desigualdad la dominación y el poder. Elias no concibe el poder como una sustancia que fuera poseída por alguien. sino como una característica asociada a las relacio nes de interdependencia: «En la medida en que dependemos de otros que no dependen de nosotros. tienen poder sobre nosotros.

El_oficio_de_sociologo_Bourdieu_Passeron define el constrctivism0 estructuralista como la con unción de lo objetivo y lo subjetivo: «Con estructuralismo o estructuralista quiero decir que, en e l prop io mundo soc ial, (…] existen estructuras objetivas independientes de la conciencia y la voluntad de los agentes. que son capaces de orientar o constreñir sus prácticas o sus representacion es. Por constr uctivismo me refiero a la génesis social. por un lado, de los patrones de percepció n, pensamien to y acc ión que constituyen lo que denomino hab ítus y. por otro. de las estructuras sociales, en particular de lo que denomino campos. (31)

Según Pierre Bourdieu, «el principio de la ac ción histórica, en el caso del artista. de l sabio o del go bernante tanto como del obrero o del funcionario, no es un sujeto que se enfrenta a la sociedad como un obj eto constitu ido en el exterior. No reside ni en la conciencia ni en las cosas, sino en la relación entre do s esta do s de lo soc ial, esto es. la historia objetivada en las cos as –en forma de institucio nes- y la historia encamada en los cuerpos –en form a de es e sistema de disp osiciones perdurables que denomino habituS»22. Así pues, es la uni ón del habitus y de l campo , (32)

 

El habitus es, Por así decirlo, las estructuras soc iales de nuestra subjetividad, qu e inicia lmente se constituye n en virt ud de nuestras primeras ex perienc ias thabítus primario) y. más ta rde, de nuestra vida adulta (habitus secundario).(32)

 

Los campos constituyen el momento de exteriorización de la interioridad. Se refieren a la forma en que Bourdieu concibe las instituciones no como sustancias . sino de manera relacionan, como configuraciones de relaciones entre actores individuales y colectivos (Bourdieu prefiere hablar de agentes para indicar tanto que actúan como que no actúan libremente). 33

Cada campo es al mismo tiempo un campo de fuerzas -caracterizado por una distribución desigual de los recursos y, por lo tanto, por una correlación de fuerzas entre dominantes y dominados- y un campo de luchas –en e l que los agentes sociales se enfrentan para conservar o transformar esta correlación de fuerzas. 34

 

Cada campo se caracte riza po r relaciones de compe tencia entre sus agentes (Bourdieu tambi én ha bla de mercado ), aunque la pa rtici pa ción en el juego im plica un mínim o de acuerdo sobre la ex istencia de l campo. Cada campo se caracteriza por mecanismos especifica s de capitalizaci án de su s recursos legitimas. Así pues, según Bourdieu. no hay una sola clase de capital, como tiende a ocurrir en Marx y los marxistas (el capita l económico), sino un a multiplicidad de capita les (cultural, político. et c.).34

 

El tener en cuenta la dimensión simbólica de la realidad social no carece de consecuencias sobre la manera de concebir las relaciones de dominación (de asimetría de los recursos) entre individuos y grupos. Es ahí donde interviene la noción de violencia simbólica. Las diversas formas de dominación , a menos que recurran exclusiva y continuamente a la fuerza armada (que, a su vez , implica una dimensión simbólica, porque se percibe y expresa de determinada manera). deben estar legitimadas. esto es, cobrar un sentido positivo o, en todo caso, convertirse en «naturales», de forma que los propios dominados se adhieran al orden dominante, al desconocer sus mecanismos y su carácter arbitrario (no natural, no necesario y. por lo tanto, histórico y transformable). 35-36.

 

El sentido práctico.