Educación: libre y obligatoria. Murray Rothbard

Educación libre y obligatoria

 

La educación del individuo
Todo niño humano llega al mundo privado de las facultades características de los seres humanos
completamente desarrollados. Esto no incluye simplemente la capacidad de ver claramente, de
moverse a su alrededor, de alimentare a sí mismo, etc.: sobre todo, significa que está privado del
poder de razonar, el poder que distingue a los hombres de los animales. Pero la distinción esencial
entre el bebé y otros animales es que estos poderes, en particular la capacidad de razonar, están
potencialmente en él. El proceso de crecimiento es el proceso de desarrollo de las facultades del
niño. De un estado de desvalimiento e incompetencia similar al que sufren los animales recién
nacidos, el niño crece hasta la gloria de convertirse en un adulto completo.
Como son inmediatamente evidentes para los sentidos, es fácil sobreestimar la naturaleza
puramente física de estos cambios: el crecimiento del niño en altura y peso, aprendiendo cómo
andar y hablar, etc., puede verse en los términos aislados de las actividades físicas o musculares
afectadas. La característica más abrumadoramente importante del proceso de crecimiento es
mental, el desarrollo de poderes mentales, de percepción y razón. El niño que usa los nuevos
poderes mentales aprende y adquiere conocimiento, conocimiento no solo del mundo que le rodea,
sino también de sí mismo. Así, su aprendizaje de andar y hablar y su gestión de estos poderes
dependen de su capacidad mental para adquirir este conocimiento y usarlo. Al ir ejercitando el niño
su nuevo razonamiento, así como poderes musculares, estos poderes crecen y se desarrollan, lo que
a su vez crea un impulso para un mayor ejercicio de estas facultades por parte del niño. En concreto,
el niño aprende sobre el mundo que le rodea, otros niños y adultos y sus propios poderes mentales
y físicos.
Todo niño que llega al mundo llega en un cierto entorno. Este entorno consta de cosas físicas,
naturales y artificiales y otros seres humanos con quienes entra en contacto de distintas maneras.
Es en este entorno en el que ejercita sus poderes en desarrollo. Su razón se forma juicios acerca de
otra gente, acerca de sus relaciones con ella y con el mundo en general; su razón le revela sus
propios deseos y sus poderes físicos. De esta manera, el niño en crecimiento, trabajando con su
entorno, desarrolla fines y descubre medios para alcanzarlos. Sus fines se basan en su propia
personalidad, los principios morales que ha concluido que son los mejores y sus gustos estéticos; su
conocimiento de los medios se basa en lo que ha aprendido que es más apropiado. Este cuerpo de
«teoría» en el que cree lo ha adquirido con los poderes del razonamiento, ya sea de su experiencia
directa o de la de otros o de la deducción lógica por sí mismo o por otros. Cuando finalmente llega
a adulto, ha desarrollado sus facultades en la medida en que haya podido y ha adquirido una serie
de valores, principios y conocimientos científicos.
Todo el proceso de crecimiento, de desarrollar todas las facetas de la personalidad de un
hombre, es su educación. Es evidente que una persona adquiere su educación en todas las
actividades de su infancia: todas sus horas despiertos se dedican a aprender de una manera u otra.1
Es claramente absurdo limitar el término «educación» a la escolarización formal de una persona.

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