Los jesuitas

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Jesuitas I

Tanto Oriente como Occidente, luego de las persecuciones y cuando la fe comenzó a asentarse, los cristianos desarrollaron una espiritualidad que tenía sus bases en la liturgia. Era por la liturgia y en la liturgia que el corazón del hombre se transformaba haciéndose semejante al corazón de Dios. La oración manaba y se alimentaba en la celebración de la Misa y en rezo del oficio divino. Tanto clérigos como laicos, aprendían de memoria los salmos que, cantando, repetían una y otra vez a los largo del día.
Pero todo cambió en el siglo XVI.

Propongo dos textos: el de un teólogo y el de un literato; Maurice Festugière y León Bloy. Empecemos por el primero: Maurice Festugiére nació en Francia en 1870, fue oficial de marina y a los veinticinco años ingresó a la abadía benedictina de Maredsous (Bélgica), donde vivió toda su vida como monje, excepción hecha de su estancia en Roma para su doctorado en teología y su servicio como capellán naval durante la Primera Guerra Mundial. Lo que traduzco a continuación aparece en su libro La liturgie catholique. Essai d’une synthèse (Abbaye de Maredsous, 1913), en el que desarrolla la espiritualidad litúrgica, que es la espiritualidad benedictina y, en el fondo, la espiritualidad propia de los cristianos de los primeros trece siglos de la Iglesia.


La influencia que tuvo San Ignacio sobre la vida espiritual en la experiencia religiosa de la iglesia católica, es considerable e incluso capital; una influencia ejercida sea a través de la Compañía de Jesús, sea a través de los que se inspiraron en sus ejemplos, y que son legión.
San Ignacio vivió en una época de individualismo muy pronunciado [cuando Festugière habla de individualismo, no debe entenderse en el sentido moderno, asociado a una postura egoísta y centrada en sí. Se refiere a una actitud de la vida espiritual que favorece de un modo excesivo la relación personal con Dios en desmedro de la dimensión comunitaria de la fe. Esta actitud individualista, propia del siglo XV, conocerá su máxima expresión con el protestantismo, que eliminó la liturgia y se concentró la relación personal de cada cristiano con Dios N. del T.]. Eran muy pocos los que en su tiempo comprendían todo lo que la liturgia había conseguido y distribuido en los siglos anteriores en cuestiones de vida espiritual. San Ignacio se propuso combatir la Reforma, para lo cual tuvo indudable trazas de genio: se apropió de una parte del programa del individualismo protestante y lo adaptó a la ortodoxia romana más perfecta. Su esfuerzo se orientará entonces y ante todo, a dar a las almas que se embarquen en su empresa una formación enérgicamente individualista y librarla de los vínculos sociales que impedían su acción.
Para llevar a cabo esta idea maestra necesitaba dos creaciones:
  1. Fundar una orden religiosa que estuviera dispensada de todo el oficio coral. Fue el primer caso en toda la historia de la Iglesia que una congregación religiosa renunciaba al rezo en común del oficio divino.
  2. Inaugurar un método de meditación que cortara absolutamente con todos los modos antiguos y tradicionales de oración privada.
Veamos, aunque sea en pocas líneas, las consecuencias de estas decisiones, consecuencias que tendrán una repercusión enorme en toda la sociedad católica.
Los hijos de San Ignacio -y ellos son los primeros en reconocerlo- abrevan para su vida espiritual en su meditación; el objeto de ésta, con mucha frecuencia, no tiene ninguna relación con la liturgia. El breviario es para ellos solamente un deber de religión. La misa solemne y el canto de vísperas son para sus ojos solo hechos excepcionales, y por tanto no favorecen las formas sociales de oración, que tan necesarias son para la vida parroquial. Hasta aquí todo es claro, pero el análisis del método ignaciano de meditación, desde el punto de vista del interés de la liturgia, demanda más atención.
El espíritu de la liturgia es un espíritu de “amable libertad”. Si bien los salmos y otros textos sagrados fueron particularmente apreciados por los antiguos monjes, la liturgia no era de ningún modo su única fuente de meditación, pero ella los había formado. Siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos, los monjes hacía oración “libremente”, se abandonaban filialmente a las influencias de la gracia y a los movimientos de la vida interior. Este era también el método de oración de los franciscanos, y había comenzado en la Iglesia mucho antes de los jesuitas.
Pero en los Ejercicios, San Ignacio instituyó un método militar de hacer marcar el paso al alma y a las diferentes facultades humanas, obedeciendo como el recluta obedece al sargento. Este método produjo indudablemente notables frutos de santificación dentro de la Iglesia. Pero, para un enorme grupo de personas, es casi incompatible con el espíritu de libertad cultivado por la liturgia. De aquí se sigue que aquellos que tienen el alma formada por la liturgia, experimenten un gran malestar, a pesar de sus buenos deseos, cuando son sometidos al método de San Ignacio. Y a la inversa, aquellos que han recibido desde su infancia y juventud, la impronta del método ignaciano, se inclinan generalmente a considerar “poco serias” las antiguas herramientas tradicionales de oración.
El historiador de la liturgia está obligado a constatar que de hecho, desde el siglo XVI, la Compañía de Jesús, que ha desplegado un gran celo al servicio del catolicismo, no hizo nada para curar a los fieles de la desafección en la que habían caído en relación con las tradiciones antiguas de la vida parroquial y de la piedad. Cuando se compara la enormidad de esfuerzos que llevaron a cabo los jesuitas en favor de la Iglesia durante ese periodo (educación de la juventud, propagación de los libros, predicación, etc.) con la debilidad relativa de los resultados obtenidos, nos preguntamos con tristeza si una fuerza tan grande de vitalidad católica no fue desperdiciada. {Nota a pie de página: No somos tan infantiles como para pretender ver en la liturgia una panacea. Pero, ¿cuál es el médico consciente que, en medio de una enfermedad, no se reprocha hasta la angustia el olvido de un sólo medio terapéutico, cuando este medio había dado pruebas de ser eficiente? Demos una mirada al siglo XIX francés, cuando el Concordato abrió los templos a los fieles y permitió a la Iglesia impregnar de espíritu cristiano las almas de los jóvenes. ¿Cuántosverdaderos cristianos se formaron? Las estadísticas son dolorosas. Sería importante preguntarse elpor qué}.

¿Existe, entre la espiritualidad antigua y la espiritualidad inaugurada por San Ignacio, un antagonismo irreductible? Se trata de un problema delicado. Esto es lo que nos parece que es la verdad: 1. En relación a la materia de la meditación, no hay antagonismo. Nada impide, con un poco de buena voluntad, de construir meditaciones sistemáticas y minuciosamente elaboradas con anticipación, sobre los temas de liturgia, y de seguir el corazón de esas meditaciones como hilo conductor del año litúrgico.
2. Pero si consideramos el método en sí mismo, no nos animamos a ser tan optimistas. Creemos que si queremos llevar al clero, a los laicos y a los jóvenes a la inteligencia de la liturgia, al gustode la liturgia, si se quiere hacer a los cristianos aptos para aprovechar la liturgia vivamente, no es necesario darles una formación de espíritu que vaya en contra del espíritu de la liturgia.
Porque la experiencia y la reflexión nos enseñan que el método ignaciano consigue precisamente eso: oponerse al espíritu de la liturgia. Convendría, por tanto, suavizar lo más posible los marcos rígidos de ese método. ¿Se puede evitar esta conclusión? Deseamos que aquellos que son más hábiles que nosotros puedan hacerlo, porque a nosotros nos ha sido imposible.
Aquí se presenta inevitablemente una objeción: ¿El método ignaciano no obtiene resultados de orden moral más eficaces que los otros modos de oración?
Tratemos de condensar en pocas líneas una respuesta: Si hablamos de las almas avanzadas en la vida espiritual, el mismo San Ignacio estaría de acuerdo en que su método no les es necesario. Si hablamos de los cristianos ordinarios, si ellos han recibido formación ignaciana y nada de formación litúrgica, es indudable que a ellos la liturgia les parecerá inoperante. Para aquello que han recibido una formación litúrgica, las cosas serán distintas, y vivirán de ella como vivieron los cristianos durante los trece siglos primeros siglos.
{Nota a pie de página: Si se quiere volver de la mentalidad individualista propia de la piedad moderna a la mentalidad litúrgica, es necesario pasar por una transformación profunda y una lenta reeducación. Antes de sufrir esta transformación, no se comprende de ninguna manera lo que significa vivir de la liturgia; no se comprende lo que fue la vida interior de los católicos durante los trece primeros siglos de nuestra era. Conocemos personas a las cuales les llevó años de ejercicio el asir en la práctica que la asistencia a la misa solemne es una experiencia más “sabrosa” que la asistencia a una misa baja}.
Pero se nos podría hacer otra objeción: ¿no existe una conexión en los métodos de oración y lasteorías teológicas concernientes a la gracia, entre la manera en la que el cristiano “conduce” sus experiencias espirituales -porque, si se dejan de lado los estados místicos, es evidente que el alma tiene el poder de manejar sus experiencias- y la manera en la que concibe la acción de Dios sobre la libertad humana?
La teoría de San Agustín sobre la gracia se armoniza maravillosamente con el antiguo método de oración que libra a las almas a los impulsos del zéfiro de la operación divina. Por el contrario, ella se armoniza mucho menos felizmente con la “meditación” de San Ignacio, preparada, rígida y “voluntaria”. La Regla de San Benito está atravesada por un soplo de teología agustiniana. Pero sería falso si se estableciera una oposición propiamente dicha entre la oración antigua y la espiritualidad litúrgica por una parte, y la teología molinista por la otra.*
Nos parece que esta teología -la molinista- está en conexión directa con los Ejercicios de San Ignacio. La expresión id quod volo (aquello que quiero), que suena a todo lo largo de losEjercicios como las espuelas del caballero suenan sobre los adoquines, es muy elocuente. San Ignacio nunca desarrolló una teoría personal sobre la gracia. Su genio permaneció ordenado hacia la práctica al mismo tiempo que hacia la piedad. Pero es difícil no adherir a la siguiente impresión: la teología molinista surgió propiamente de un manual de espiritualidad y de ascesis escrito por el fundador de la Compañía de Jesús. Teología y manual se dan la mano, en un acuerdo perfecto, para reaccionar contra el protestantismo.
* El molinismo hace referencia a la doctrina de Luis de Molina, teólogo de la Compañía de Jesús del siglo XVI que participó, contra los dominicos, en la famosa controversia de auxiliis. Su postura buscaba privilegiar la libertad y la voluntad del hombre en el proceso de salvación frente a la gratuidad de la gracia de Dios. Además, es uno de los padres de las democracias liberales contemporáneas ya que Luis de Molina afirmó que el poder no reside en el gobernante, que no es más que un administrador, sino en el conjunto de los administrados, o de los ciudadanos considerados individualmente, adelantándose así a los postulados sobre la libertad de pensadores de los siglos  posteriores.

“Jesuitas I”

55 comentarios – Mostrar entrada originalOcultar comentarios

1 – 55 de 55

Anónimo Anónimo dijo…
Este texto hay que difundirlo, es una extraordinaria síntesis.
Enorme e importante trabajo del redactor del blog. Gracias.

10 de diciembre de 2018, 8:42

Anónimo Anónimo dijo…
Creo que donde el texto habla del “zafiro de la operación divina” se ha deslizado un error. Los místicos hablan del “Zéfiro” que es el viento del oeste, el más suave de todos y mensajero de la primavera. La brisa suave es símbolo del Espíritu Santo desde los tiempos de Elías y hasta del Génesis: Yahveh se paseaba por el Paraíso “con la brisa de la tarde” (la puesta del sol, o sea, el oeste). La metáfora, si lo fuera, del zafiro, no parece que tenga ninguna relación con la “operación divina”.

10 de diciembre de 2018, 8:54

Blogger Wanderer dijo…

Efectivamente, es zéfiro. Lapsus calami.

10 de diciembre de 2018, 9:13

Anónimo Anónimo dijo…
Cuidado con identificar franceses del siglo XIX con “tradición benedictina” o “espiritualidad benedictina”. La Revolución Francesa eliminó a las órdenes religiosas, y cuando se restauran en el SXIX, lo que surge es una visión romántica del monacato, en manos de neo-monjes que hasta entonces eran del clero secular en su mayoría. No es que hayan hecho algo malo, en absoluto, pero lejos está esa visión romántica (con enorme insistencia en la liturgia) de ser “la tradición benedictina”. Los monjes de la “vieja escuela” nunca vieron a la liturgia como su ocupación preferencial, lo cual es propio de canónicos. En los primeros siglos rezaban -no cantaban- el salterio de corrido y acudían a la liturgia solo el domingo.

10 de diciembre de 2018, 9:29

Anónimo Anónimo dijo…
Yo veo algo extraño en los jesuitas e incluso en el Opus Dei, ese discernimiento interior y ese tanto en recogerse en uno mismo para alcanzar a Dios, lo veo peligroso, porque yo me pregunto ¿como se que esto me lo inspira Dios o son cosas mías. La liturgia excesiva igual no es producente, pero al menos conjuntamente se alaba a Dios.Ya digo ese recogerse tanto uno mismo creyendo que hablas con Dios, da lugar a ideas a veces estrafalarias.

10 de diciembre de 2018, 9:34

Anónimo Anónimo dijo…
A mí lo que me mata es el oximoron.
Entonces para qué en los retiros ignacianos la FSSPX machaca tanto con la Misa, se reza todo los días la Misa cantada, se habla todo el tiempo de la Gracia y de la pedagogía litúrgica, etc?Serían falsos retiros ignacianos? Ignacianos pero no tanto?

Pregunto porque no conozco retiros ignacianos de otra congregación, ni los no ignacianos de esa congregación.

La próxima me anoto en un no ignaciano de esa misma congregación, a ver qué diferencia hay.

10 de diciembre de 2018, 9:46

Blogger Wanderer dijo…

Anónimo 9:29, es verdad de lo que usted dice del monacato solesmniense, pero es falso afirmar que “Los monjes de la “vieja escuela” nunca vieron a la liturgia como su ocupación preferencial”. Creo que usted edentifica “vieja escuela” con la escuela monástica post-tridentina.
San Benito pensaba otra cosa, si uno lee su Regla. Y también pensaba distinto el autor de la Regla del Maestro, y pensaban distinto los monjes de Cluny, que se pasaban casi todo el día en el coro. Y pensaba distinto Casiodoro, que insistía en el aprendizaje de los salmos, y pensaba distinto Dhuoda, que le recomendaba a su hijo que aprendiera de memoria los salmos. Y es muy fácil comprobar la centralidad de la vida litúrgica de los monjes medievales leyendo los costumbrarios de los diversos monasterios, que hay muchos y varios de ellos editados críticamente en los últimos años.
Cuidado, entonces, de no confundir los usos y costumbres de algunas reformas monásticas de los siglos XVII y XVIII con la vida de los monjes.

10 de diciembre de 2018, 9:52

Blogger Lefe Estepario dijo…

Corríjanme y complementen los que sepan más, pero entiendo que en la tradición patrística y medieval de la lectio divina, “meditatio” era sobre todo la repetición constante de versículos bíblicos con miras a su memorización y a la contemplación, y poco o nada tenia que ver con la “meditación” de tipo discursivo que busca sacar conclusiones prácticas del texto, morales sobre todo. Esta es la típica lectura protestante, que en la Escritura un manual de reglas expresas o implícitas.
En lo personal, me atrajo -por fue nuevo para mi- entender esa visión de la lectio divina, que busca “meterse” en el texto y no pretende exprimirlo. Quizás por eso los monjes del desierto podían leer la Escritura libremente sin caer en el libre examen.

10 de diciembre de 2018, 9:58

Anónimo Anónimo dijo…
Anónimo de las 0934. Importantísimo lo q Ud dijo. Y bien dicho.
Lo.mismo leer libros d autores espirituales en vez de leer la Palabra de Dios viva y eficaz, q discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
El Caminante de Mármol.

10 de diciembre de 2018, 10:15

Anónimo Anónimo dijo…
OXIMORON, la FSSPX son meros repetidores de lo que se hacía en 1940; más atrás no van porque eso, para ellos, sería hacer “arqueologísmo”, lo cual está condenado en la Mediator Dei de Pío XII…
Si es como dice, e insisten tanto en la importancia de la liturgia, me pregunto por qué no incentivan a los fieles a rezar el oficio divino, que fue la fuente de piedad durante siglo. “Porque eso es para los sacerdotes”, dicen. “Y que los fieles recen en breviario es sospechoso de modernismo porque es una idea que con la que machacaba el Movimiento Litúrgico”. Así de elementales son.

10 de diciembre de 2018, 10:38

Anónimo Anónimo dijo…
No. Honestamente me prece que eso viene por otro lado.
Los curas de la FSSPX alientan el rezo del breviario de los laicos que lo leen y que son poquitísimos.
No se lo piden a todos, pues apenas si logran que las mujeres lean a Sta. Teresita.
El laico a lo sumo lee cinco o seis vidas de santos en su vida y los curas lo saben. Pretenden empezar pidiendo lo menos -que no logran conseguir-.
Pedir más sería para el laico lefe y no lefe de estos tiempos un exceso que sólo realizaría un muy minúsculo porcentaje tomado de los que no faltan a misa un domingo.Oximoron.

10 de diciembre de 2018, 10:55

Anónimo Anónimo dijo…
¿Podría recomendarme wanderer o quien sepa documentos que desarrollen y expliquen los elementos de la espiritualidad antigua? Llevo un tiempo tratando de mejorar y conocer más acerca de teología mística y siempre veo recomendada la meditación, pero me es bastante penoso practicarla.

10 de diciembre de 2018, 12:49

Anónimo Anónimo dijo…
Buenas don Wanderer. Empiezo abriendo el paraguas. A pesar de que así fui educado ( y estimo que la mayoria de los que leen el blog también, incluso usted W) nunca fui muy afecto afecto al “método” ignaciano. Al crecer y salir de ese mundillo, muchas cosas aprendí. Entre ellas que había otra espiritualidad antes de Trento y de San Ignacio; y no solo una. Antes antes y después también, no es justo colocar a estos episodios como la raíz de todos los males eclesiales actuales y de hace algunos años. Con todo esto, comparto algunas tesis implícitas y explícitas que fui aprendiendo con lecturas y con buenos maestros sobre el modernismo ( entendiendo mas ampliamente al término y dejando de lado la herejia que lleva el mismo nombre), aunque no alcanzo a dilucidar la tesis de este escrito. Al menos parcialmente. No alcanzo a ver cómo colige el autor que la espiritualidad liturgica es libre y la de San Ignacio no. Por lo menos en este extracto del texto no encuentro argumentos que lo demuestren; aunque sea explicativamente.
Mas allá de que los pueda intuir o vislumbrar no me convence de todo el texto. Nobleza obliga.
Aunque debo decir que es por demás interesante la visión del autor y sirve de punto de partida para la disputatio y la reflexion.
Quedo a merced de los que más saben.
In domino

10 de diciembre de 2018, 13:26

Anónimo Anónimo dijo…
Lefe de las estepas, Disandro en el texto “la Universidad y la nación” escribió pasajes luminosos sobre el tema.

10 de diciembre de 2018, 14:18

Blogger Fuenteovejuna dijo…
Como siempre, don Wanderer, lo suyo me parece un análisis enjundioso. Yo sólo quiero comentar lo de Luis de Molina, en cuanto a que fue un precursor de las democracias liberales porque dijo que el poder no reside en el gobernante, que es un simple administrador, sino en los administrados, que son los modernos ciudadanos.
A mi juicio Molina no lo decía en el sentido que luego lo utilizaron Looke, Rousseau o Montesquieu -que odiaban a la Iglesia- sino justamente para defenderla.
Alguna vez Santo Tomás de Aquino, citando a San Agustín, también dijo que la democracia podría ser aceptable si los pueblos vivieran una vida auténticamente espiritual y cristiana, cosa que la democracia moderna nunca vivió hasta hoy.
En esa inteligencia, ¿no es un poco fuerte decir que Molina es uno de los padres de las democracias liberales contemporáneas?

10 de diciembre de 2018, 14:39

Anónimo Hermenegildo dijo…
San Ignacio quería fundar una Orden dispensada del oficio coral porque, en realidad, él no pretendía crear una Orden religiosa, sino un clero secular al servicio directo del Papa, un “clerus papae”. En su mente estaba la idea de una sociedad de vida apostólica, pero en el siglo XVI esto era impensable, por lo que tuvo que ajustarse al molde de las órdenes religiosas, si bien alejándose en lo posible de la vida conventual. Su finalidad primordial era la misión; lo jesuitas eran hombres de acción, lo que era incompatible con estar atados por el oficio coral.

10 de diciembre de 2018, 15:07

Blogger Wanderer dijo…

Hermenegildo, usted ha dado en el clavo: lo que San Ignacio de Loyola quería era hombres de acción, capaces de HACER, muchas cosas, hacer, hacer, porque de sus ACCIÓN dependía la salvación de muchos hombres. Y si para poder HACER era necesario desprenderse de pesos muertos como el oficio coral, pues de desprendía: el FIN lo JUSTIFICABA.
Y así llegamos donde estamos. Hasta aquí nos trajo la prioridad de la acción.

10 de diciembre de 2018, 16:09

Blogger Wanderer dijo…

Fuenteovejuna, por supuesto que Molina no lo decía en el mismo sentido los padres reconocidos del liberalismo, y por supuesto que escribió lo que su fin era defender a la Iglesia. Y por supuesto que no tuvo reparados, a la hora de alcanzar ese fin, en utilizar cualquier medio que pusiera a su alcance su indudable capacidad intelectual, aunque para eso debería interpretar de modo original a Aristóteles y a Santo Tomás, y dejarle después servido el plato a Francisco Suárez, S.J. quien lo terminará de sazonar para que Locke, Rousseau y Montesquieu se lo coman.

10 de diciembre de 2018, 16:22

Blogger Wanderer dijo…

Anónimo 13:26, Yo también considero que “no es justo colocar a estos episodios como la raíz de todos los males eclesiales”. Yo no lo hago. Tampoco lo hace dom Festiguière.
En cuanto a su pregunta, el texto que traduje y publiqué son apenas dos carillas de un libro largo y erudito, y es lógico que no cierre del todo, porque supone muchas otras cosas.
La espiritualidad litúrgica es “libre” porque se basa en la lectio, es decir, en la lectura “meditada” y “rumiada” de los textos de la liturgia del día, sea del oficio divino, sea de la Misa. Y esas palabras que se van leyendo lentamente, llaman a otras que están en la memoria, y se asocian con otras y el espíritu, con la ayuda del Espíritu, va rumiando en lo secreto el misterio de Dios. Esa es la libertad de la que se habla.
El método ignaciano, no tiene en cuenta la liturgia, que no es más que un adorno de la vida cristiana, que es vida de soldados y vida de acción y no puede perderse el tiempo en esas minucias. Para rezar, se medita punto por punto, premisa por premisa, y razonamiento por razonamiento: Preparación, punto uno, punto dos, punto tres, y se saca un propósito para cumplir, y con eso se pasó la hora. Es ya es hora de levantarse y ponerse a trabajar.

10 de diciembre de 2018, 16:30

Anónimo Enrique Ll. dijo…
“La persona individual necesita, para su oración personal, unirse a la oración de la Iglesia. Y no sólo para que la fe de la Iglesia le sirva de apoyo y se vea rodeado por el fervor de toda la comunidad que intercede por él. (…) Lo que constituye la característica peculiar de la oración personal, a saber, la soledad del diálogo íntimo, la libertad de movimiento y la espontaneidad de expresión puede convertirse en un peligro. La soledad puede degenerar en aislamiento, la libertad en arbitrariedad, la espontaneidad en extravagancia. (…) La liturgia es un “canon de la oración” (…) porque le indica las normas imperecederas que garantizan la autenticidad y la salud de toda oración. Es muy distinto que la oración sea “personal” y que sea “subjetiva””

Romano Guardini Introducción a la vida de oración. Palabra, Madrid 2016. Pag 214-215.

10 de diciembre de 2018, 16:32

Blogger Wanderer dijo…

12:49: No creo que exista un “manual de espiritualidad antigua”. Sería contradictorio que existiera, como no lo es que existan varios manuales de espiritualidad jesuita.
Y no se meta con cuestiones de la teología mística, que bajo ese nombre puede encontrar libros maravillosos como el de Dionisio, y muchos disparates también.
Si me pide una sugerencia, le diría que comience por una lectura calma y sosegada de la Regla de San Benito. Y si puede acompañarla de un buen comentario, como el de Dom Delatte, mucho mejor.

10 de diciembre de 2018, 16:33

Anónimo Anónimo dijo…
Hasta los norbertinos están prendidos en la buena onda francisquista:
https://abbeyfest2018.yolasite.com/

10 de diciembre de 2018, 16:40

Anónimo Anónimo dijo…
Muchas gracias por su atenta respuesta don Wanderer.
El de las 13:26..

10 de diciembre de 2018, 17:22

Blogger Jan Ellery dijo…

Muy cierto.

10 de diciembre de 2018, 17:42

Blogger Jan Ellery dijo…

“Hasta aqui nos trajo la prioridad de la acción”. Supo haber una época en la que no fue así don Wanderer. Pero a los modernos, (los actuales mejor) programados como estamos nos cuesta asumir esto (uno entiende y se determina y quiere revertirlo pero somos hijos de este tiempo y exige un esfuerzo soberano imponerse ciertos cambios). En fin que la inmensa mayoria entenderá como cansancio, debilidad, comodidad e incluso cobardía la que cada dia se me hace mas y mas evidente como mejor via u opción. Aunque debo decirlo… ya no se trata de opción sino de unica salida si, escrituristica y profeticamente, hemos hecho la inteligencia adecuada de la situacion a la que hemos llegado. Accion… limitada a lo domestico. De la “cosa publica”… Cuál “cosa publica”? Me permito decir que tal cosa ya no existe. Lo que la reemplaza es la contraparte profana de la desoladora abominacion actual.

10 de diciembre de 2018, 18:08

Anónimo Anónimo dijo…
¿Será por ésto que San Ignacio les prohibió ser Obispos o cardenales?

10 de diciembre de 2018, 18:43

Anónimo Hermenegildo dijo…
Wanderer: es legítimo que San Ignacio quisera que los jesuitas fuesen hombres de acción. En la Iglesia hay diversidad de carismas y el monacato es una vocación más, no la única ni mucho menos. ¿O acaso los religiosos de vida activa, cuando son fieles a su carisma, realizan una labor menos santa que los monjes? Los jesuitas han sido siempre, ante todo, misioneros, y un misionero no puede estar sujeto a ir cinco veces al día a coro. Y, por cierto, si las realidades de la Iglesia se miden por sus frutos, el apostolado de los jesuitas fue de lo más fructífero. Gracias a ellos buena parte de Centroeuropa y de Europa del Este, que había caído en el protestantismo, volvió a la comunión con Roma. Y qué decir de sus misiones en en América o en Asia.

10 de diciembre de 2018, 19:34

Blogger Wanderer dijo…

Hermenegildo: los que evangelizaron Europa luego de la caída del imperio romano fueron monjes. Y muchos de ellos -los irlandeses y anglosajones- sujetos a una regla mucho más estricta que la de San Benito, la Regla de San Columbano. Estos monjes-misioneros iban cinco veces al día al coro y evangelizaron a todos todos los pueblos germánicos.
Por otro lado, cuando la fundación de San Ignacio, ya existían en la Iglesias las órdenes mendicantes que tenían también una amplia labor misionera, y tenía oficio coral.
Lo que hicieron los jesuitas fue privilegiar la acción; su labor misionera, de la que usted es un admirador tan osado, consistía no solamente en ir a predicar a los protestantes como lo hicieron San Pedro Canisio o San Edmundo Champion; consistía también en influir en las cortes reales, en hacer lobby con los ricos y poderosos a fin de favorecer tal o cual causa en beneficio de la fe, y todo, claro, ad maiorem Dei gloriam.
Los jesuitas del siglo XVII en Francia que se desempañaban como confesores en Versailles o en los palacios de los nobles, los mismos reyes y nobles que tenían amantes y explotaban a sus siervos, les enseñaban las más inverosímiles piruetas de conciencia, dándoles ampulosos nombres latinos, con tal de tranquilizarlos, a fin de que los siguieran manteniendo en sus puestos de influencia, no fuera que si se ponían demasiado rígidos en las exigencias de la moral católica, los expulsaron. Y todo, claro, ad maiorem Dei gloriam.
Los jesuitas engendraron a Bergoglio. Para ellos, y para él, el fin siempre justifica los medios.

10 de diciembre de 2018, 20:02

Blogger Uno del monton dijo…
Es un planteo muy esquemático. La realidad no es tan lineal. Castellani explicó que San Ignacio era un contemplativa, fueron lo generales posteriores los que privilegiaron el activismo. Por otra parte la vida monástica medieval tenía un aspecto activo «ora et labora». No creo que la alternativa a Bergoglio sea el jansenismo de Blaise Pascal y cía.

10 de diciembre de 2018, 20:26

Anónimo Hermenegildo dijo…
Wanderer: ni todos los católicos ni siquiera todos los religiosos estamos obligados a ser contemplativos en el sentido monacal del término. El monacato es una vocación que Dios sólo concede a unos pocos. Insisto en que los religiosos de vida activa, si son fieles a su carisma, pueden alcanzar el mismo grado de santidad que los monjes.

Reitero también en que San Ignacio no pretendía crear una Orden religiosa, sino un clero secular al servicio del Papa, lo que hoy sería una sociedad de vida apostólica o una prelatura personal, que en el siglo XVI eran inconcebibles. San Ignacio no quería fundar una orden monástica; él tenía en mente al clero secular; de ahí que, por ejemplo, el hábito de los jesuitas sea casi idéntico al del clero diocesano. Y el clero secular no va a coro a rezar las horas canónicas, salvo el caso de los canónigos.

Que los jesuitas influyeran en reyes y poderosos para conseguir una sociedad más cristiana es perfectamente legítimo. En cuanto a que hacían piruetas para justificar las inmoralidades de los nobles y monarcas a fin de que no ser expulsados por rígidos, le recuerdo que fueron expulsados de todos los países católicos en el siglo XVIII por decisión de esos mismos nobles y poderosos.

Y, en fin, sobre que Bergoglio fuese engendrado por la Compañía de Jesús, clérigos taimados y poco santos han existido en todas las épocas, tanto en el clero secular como en el regular, en los monasterios y fuera de ellos.

10 de diciembre de 2018, 20:36

Blogger Wanderer dijo…

Hermenegildo, no sé lo que quería hacer San Ignacio, pero haya sido lo que haya sido, trajo más daño que bienes a la Iglesia. Recuerdo que cuando era joven un sabio dominico maestro de muchos lectores de este blog, se despachaba en un almuerzo contra los jesuitas. A mí me pareció que exageraba y le dije que las ruinas de las misiones jesuíticas eran un buen ejemplo de sus incansable labor misionera. Y él me respondió: “Ahí tiene. Lo único que dejan los jesuitas tras sí, son ruinas”. Y creo que tenía razón.
Por otro lado, yo no estoy diciendo que la vida monástica sea obligatoria para todos, o que todos los religiosos deban ser monjes. Y tampoco es eso lo que dice dom Festugière en su libro. Lo que él dice, y yo acuerdo, es que antes de la llegada de los jesuitas y su método de oración, los cristianos tenían como fuente de su vida de piedad y plegaria la liturgia, lo cual quedó desbaratado cuando se impuso el ignacianismo cómo forma privilegiada de espiritualidad católica.

10 de diciembre de 2018, 20:49

Blogger Wanderer dijo…

Uno del montón, si vamos a hablar de linealidadades y simplismos, me parece que la opción a Bergoglio no debe ser necesariamente el jansenismo de Pascal. ¿No le parece que unas cuantas opciones intermedias?

10 de diciembre de 2018, 20:51

Anónimo Anónimo dijo…
No me parece descalificar a San ignacio por su método y Orden para concluir que Francisco es un desastre. Todos sabemos de los “desvios” de tantas ordenes religiosas que en su origen eran buenas. La Modernidad, la masoneria etc, se infiltro en muchas de ellas y asi estamos. Cada Santo tuvo su carisma y no me parece apropiado juzgar ni denigrar.

10 de diciembre de 2018, 22:40

Anónimo Anónimo dijo…
GASTON: Creo que por aquí no conocen algunos la obra monumental e interesantísima del notario e historiador segoviano DON ANTONIO LINAJE CONDE sobre la Orden de San Benito. Les encantará. Con respecto a lo que Bergoglio tenga que ver con San Ignacio, nada de nada. Los que por razón de edad hemos conocido a auténticos jesuitas -P.Jesús Solano, por ejemplo- podemos decirlo con seguridad. Salvo servirse de un aspecto central del jesuitismo como la obediencia, para acentuarla, aislarla del conjunto de las virtudes y ponerla al servicio de la domesticación de las masas católicas en orden a que no se resistieran a la demolición de la Iglesia tradicional. En general es lo que han hecho los progres en cuanto se han apoderado de los resortes de poder y no antes, claro. Y que tiene algunas expresiones delirantes -y reveladoras- como aquella frase de “antes al infierno con el Papa que al cielo con Lefebvre”. Si es que ha habido alguien tan loco como para decir eso. A mi no me extrañaría que los haya habido por estos pagos.
Creo que es cierto -al menos en lo que conozco algo como es el caso de España- que la aplicación generalizada del método ignaciano ha contribuido a menospreciar la Liturgia acentuando y exagerando la importancia de la meditación personal frente a la participación en la Liturgia. Lo cual, a su vez, ha contribuido a la nula resistencia en nuestro país a la desastrosa reforma del Vaticano II. Ahora bien, ¿es ese el único factor?. No sólo hubo jesuitas sino muchas más órdenes que quizá no hicieron lo que estaba a su alcance para equilibrar la situación. Sin duda algunos de los comentaristas tendrá datos al respecto. En España Fray Justo Pérez de Urbel O.S.B. a través de la Sección femenina trabajó mucho en su dia por impulsar la devoción litúrgica entre el pueblo. Y creo que, a su manera un tanto más tosca pero sincera, lo hicieron también los Cursillos de Cristiandad. ¿No hubo más que hubieran podido hacer algo?. Yo no lo sé. Pero es de suponer que si la Providencia ha querido -o permitido- tantas Congregaciones será, entre otras cosas, para que se complementen, corrijan y equilibren.

11 de diciembre de 2018, 2:54

Anónimo Anónimo dijo…
GASTON: la observación de HERMENEGILDO sobre la persecución de las cortes católicas hacia los jesuitas la creo muy acertada y útil para matizar el juicio. Sobre el desastre que supuso la supresión de la Compañía para el pueblo sencillo -en concreto los indígenas de lo que hoy es Bolivia- tiene páginas elocuentes y conmovedoras el libro de Mª Elvira Roca: “Imperiofobia y leyenda negra”.

11 de diciembre de 2018, 3:01

Anónimo Hermenegildo dijo…
Wanderer: los dominicos han sido tradicionales adversarios de los jesuitas, por lo que el testimonio de un fraile dominico no es el más ecuánime para juzgar la trayectoria de la Compañía de Jesús.

Por lo demás, no es del todo cierto que antes de los jesuitas todos los cristianos tuviesen como fuente de su vida de piedad y plegaria la liturgia. Ya desde el siglo XIV empieza a desarrollarse lo que se conoce como “devotio moderna”, que defendía una vivencia de la fe más intimista. Erasmo de Rotterdam, un poco anterior a San Ignacio, es un buen exponente de esta nueva concepción de la religiosidad.

11 de diciembre de 2018, 3:31

Anónimo Anónimo dijo…
Coincido con ‘Uno del montón’. San Ignacio rezaba siete horas al día, no creo que cayera en el activismo.

11 de diciembre de 2018, 5:33

Anónimo Anónimo dijo…
Si no lo han hecho todavía, no dejen de leer “Los jesuitas…”, de Malachi Martin, para entender mejor este pontificado nefasto . Es un libro prácticamente desaparecido: quizá los jesusistas tengan algún hijastro de san Ignacio dedicado en exclusiva a comprar todos los que afloran en el mercado de viejo… En esa obra la CmpCompañía del siglo XX queda perfectamente retratada…

11 de diciembre de 2018, 9:01

Anónimo Anónimo dijo…
NUEVO PROVINCIAL S. J. en la Argentina y Uruguay.
Nombrado por el R. P. General es el P. Velasco, que fue Rector de la Universidad Católica de Córdoba. De muy negativa gestión, muy favorable a LGBT, a la izquierda desacralizadora. De muy poco vuelo intelectual, pero muy activo, muy activo , no para buenas cosas. Nos alegramos cuando se fue de Córdoba, ahora gobierna todos los jesuitas de todo el país y del Uruguay !!!!

11 de diciembre de 2018, 11:35

Anónimo Anónimo dijo…
Este, es el nuevo Provincial Jesuíta, hasta hoy, era el párroco de la una de las capillas externas, del Colegio Máximo. Su nombre es Rafael Velasco (sí,con s)
También fué rector de la Universidad Católica de Córdoba…
Pasen y vean.https://www.aciprensa.com/noticias/rector-jesuita-de-universidad-catolica-en-argentina-apoya-agenda-gay-y-sacerdocio-de-mujeres-22035

Reginaldo de Trujuy.

11 de diciembre de 2018, 14:35

Anónimo Anónimo dijo…
Pd. Personaje peligroso, si los hay. Mucho trabajo de campo, comedores, ferias. Las víctimas : gente muy pobre, ignorante, y muy necesitada de todo.Reginaldo de Trujuy.

11 de diciembre de 2018, 15:03

Anónimo mandeb dijo…
Este tema, devotio moderna, etc., sirven de disparadores hacia la reflexión, pero nunca llegan a resultados concluyentes.
Al fin de cuentas la espiritualidad concreta está en la espiritualidad de X, Y o Z, siendo distintas e irrepetibles aún en nacidos en el mismo tiempo y lugar.Por otro lado, con todo el activismo del mundo o sin ninguno, sólo con Fe te condenás, pero con Fé y Caridad no.
La mejor espiritualidad, hoy y en la Alta Edad Media, es hacer una buena cantidad de cosas buenas que nos desagradan (concurrir a invitaciones tediosas, saludar y además mostrarse afectuoso, ayudar, tenerle paciencia al prójimo y saber que el prójimo siempre nos debe tener paciencia a nosotros, no desistir de corregir a los niños, cumplir con los fáciles preceptos que manda la Iglesia, no patear a los perros, etc.)

11 de diciembre de 2018, 17:40

Anónimo Eck dijo…
Tengo que hacer de abogado del Diablo,en este caso, S. Ignacio. En primer lugar porque, en mi opinión, la orden ignaciana murió con la muerte de S. Ignacio y el p. Laínez. Lo que vino despues es la Compañía de Jesus, la misma que denunciaron el p. Mariana, Castellani y Pascal. Se la espiritualidad del fundador apenas sabemos nada porque sus sucesores se encargaron de destruir los escritos autobiograficos y sustituirlos por vitae hipermoralizadas.
En segundo lugar, los ejercicios espirituales son una casi copia de una obra monástica benedictina, el “Exercitatorio de la vida spiritual” de fray Garcia Jimenez de Cisneros. Por otra parte, los ejercicios se han aplicado mal desde el el XVI porque son sólo para una persona cada vez (no tandas), de un mes(reducidos y encapsulados en 3, 5 o 7 días) y personalizados(el director debe ser persona espiritual y debe tratar con el ejercitante como un hijo y discipulo, a la manera de los ermitaños con muchas charlas). Nada tiene que ver esto con la manera industrial y voluntarista con la que Se han dado hasta el punto de que se concibieron como una fabrica de vocaciones y conversiones (he oido decir que si no se conseguía algunos de estos resultados era un fracaso…)
Por lo demás, suscribo de la A a la Z y yo sería aún más duro porque a mi en la forma que se me dieron me produjeron mucho sufrimiento, frustación y cargo de conciencia por el voluntarismo en cuestiones en que es el Espiritu el que manda y no se puede forzar. Esta es para mi el principal pecado, el pelagianismo encubierto de la devotio moderna, que no admite la liturgia porque es dada por Dios ni la libertad de los hijos porque tiene un amo, el propio yo fiscalizador. La diferencia entre ambas espirituales está, en mi parecer, en que la antigua ve la salvación como un don de un padre: su misma presencia, un regalo por amor que solo se puede pagar con amor mientras que la nueva es un premio que ganar. Todo lo demas procede de aqui.

11 de diciembre de 2018, 20:39

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Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

11 de diciembre de 2018, 22:18

Blogger Jan Ellery dijo…

Firmo todas y cada una de las expresiones vertidas en este comentario tan lapidario como cierto.

11 de diciembre de 2018, 22:28

Anónimo Anónimo dijo…
Es diálectico el texto y su reflexión don wanderer.
Para ud que los conoce, está de más recordarle que el andamiage de los ejercicios debe dejarse si se halla el fruto.
Donde halle fruto ahí se quede… Las muletas sirven hasta que Dios hace caminar solito… y cuando viene la noche a veces hay que volver a las muletas.
Todo es medio. Hay que saber usarlos tanto cuanto.
Aun el rito es medio.
También discrepo con la oposición piedad individual y oración litúrgica.
La unión con Dios es necesariamente individual y ambos medios cooperan a la misma.
No oponga lo que va unido

12 de diciembre de 2018, 1:00

Blogger Lefe Estepario dijo…

Lo último que dice Eck nos lleva a un problema mayor, el como se entiende el dogma de la Redención. Podemos entenderlo al modo de los Santos Padres -genialmente resumidos en el Damasceno- como un “economía” destinada a reparar la naturaleza humana deformada mediante la asunción por el Verbo de la humanidad caída, o entenderlo al modo de San Anselmo, para quien solo se trataba de colmar la divina justicia con sangre, porque no había otro modo aceptable. El problema de esa visión -levada a su extremo- es que deja a Dios a nuestro nivel y está a un paso de la visión calvinista, según la cual la redención se reduce a ofrecer un sustituto para calmar la ira de Dios necesitado de calma (los protestantes no entienden los antropomorfismos de la Escritura).
No está de más recordar que la FSSPX en es anselmiana, y de ello dan cuenta los documentos oficiales sobre la reforma litúrgica. No aceptan que se de importancia a la Resurrección por sobre la Pasión, aunque al parecer eso fue siempre un problema de la Iglesia latina.

12 de diciembre de 2018, 8:51

Blogger Wanderer dijo…

Anónimo 1:00: Creo que no ha leído o comprendido bien el texto. Aquí nadie está en contra de las muletas, ni siquiera las muletas de los Ejercicios ignacianos. De lo que se está en contra es de querer imponerlos como único y universal modo de piedad católica, que es lo que ocurrió en muchos ámbitos. Como bien dice el texto de Festugière, los Ejercicios puede ser útiles para muchos y nocivos para otros. No se trata de prohibirlos; se trata de ser cautelosos y de no imponerlos.
Tampoco hay una oposición entre piedad personal y oración litúrgica. Si usted entendió eso, entendió mal. Creo que quedó bien claro, al menos en los comentarios, que la oración litúrgica sirve de alimento de la lectio y la meditatio, que son formas de piedad personal. El problema que se señala es la relegación de la liturgia que provocó la Compañía de Jesús, reduciéndola a un mero “adorno”, a un mero “ceremonial de la corte del Rey celestial” (las palabras entrecomilladas son de un reverendo jesuita), en suma, a un mero detalle decorativo.

12 de diciembre de 2018, 8:58

Blogger Uno del monton dijo…
Podría coincidir, eventualmente, en la opocisión entre los ejercicios ignacianos y la espiritualidad liturgica. Pero sostner que la obra de la Compañía fue “un desperdicio de vitalidad católica” ???; no me cierra para nada. Humildemente, creo que fue la respuesta, una de ellas, al terremoto espiritual que se produjo en Europa entre los Siglos XVI y XVII. No me refiero solamente a la reforma protestante, por si fuera poco, sino a la crisis total en la cosmovisión hasta entonces imperante (abandono de la astronmía ptolomeica, descubrimiento de un nuevo continente, etc, etc, etc). En ese contexo los jesuitas dieron respuesta a las necesidades del alma cristiana; como San Francisco lo hizo en el Siglo XIII, con su orden medicante y peregrina; aquel siglo del amanecer cristiano en que todo empezo a moverse luego de la edad oscura (Chesterton).

12 de diciembre de 2018, 12:24

Blogger Walter E. Kurtz dijo…

Para entender el jesuitismo recomiendo este artículo en su defensa: “Their Morals and Ours”, The New International, Vol. IV No. 6, June 1938, pp. 163-173. ¿El autor? Lev Davidovich Bronstein, mejor conocido como Leon Trotsky.

12 de diciembre de 2018, 15:25

Anónimo Anónimo dijo…
Me extraña que no se haya sugerido la lectura del libro de Disandro: “La Compañía de Jesus contra la Iglesia y el Estado”. Allí prueba, con documentos en la mano, la política de dominación política y económica, y las desviaciones doctrinarias de los jesuitas; y esto desde su mismo orígen.

12 de diciembre de 2018, 16:21

Anónimo Anónimo dijo…
Anónimo de las 16: 21
Imagino que el redactor no ha sugerido al Dr. Disandro pues su obra es conocida (al menos entre los lectores habituales del blog). De hecho se encuentra online en la red.
Por lo demás, está dando a conocer textos probablemente desconocidos para una buena parte de los que leemos el blog y que apuntan en el mismo sentido.
Saludos.

12 de diciembre de 2018, 18:21

Anónimo Anónimo dijo…
Pues a mí me sopla al oído el asunto ése de las Misiones Jesuíticas del Guayrá. Su centro -como prueban la arquitectura y las costumbres de las preservadas misiones de Chiquitos y Moxos en Bolivia y los relatos de la época- era la liturgia y las artesanías indígenas (dejemos de lado la soncera indemostrable de lo “aborígen”) dedicadas en sus mejores expresiones a lo litúrgico. Desde luego, había que sacar a los indios de la selva y, para eso, era preciso organizar políticamente las comunidades extraídas al “infierno verde” (como llamaba el explorador teosofista Percy Fawcett al Mato Groso).
De alguna manera parece ser una especie de versión selvática del experimento fundado en el espíritu monacal de San Benito de los siglos anteriores al Renacimiento, en el cual se reune al pueblo en torno al templo, a la Liturgia, pero con mil años de distancia.
Le agradecería sinceramente una reflexión suya sobre esta epopeya iberoamericana y jesuita vinculada al asunto de las tendencias de espiritualidad que Ud. tan juiciosamente compara.
Muchas gracias
Alberto Irízar

13 de diciembre de 2018, 2:02

Anónimo Anónimo dijo…
Tuve un profe de posgrado. Bolcouf. La conclusion era simple. Los jesuitas despues de la cortina de humo terminan siendo un poder dentro del poder. Eso luego los transforma en insoportables

13 de diciembre de 2018, 11:54

Theo dijo…

La mayoría de los jesuitas que he conocido, viven hoy otra religión que nos es la católica. Una decadencia que se expresa en sus universidades pontificias muy abiertas a diplomados LGBTIUU, pero nada de doctrina católica. Curas sin sotana,vestidos como el más ordinario oficinista. Decadencia puro. En relación con la liturgia, lo fundamental, es que era ella el mecanismo a través del cual se elevaba la cultura de un pueblo. No todos los hombres tienen el tiempo o el dinero para ir a unos retiros ignacianos, por lo demás, más allá de la sensibilería que producen, bastante cartesianos en su pretensión del conocimiento de Dios. Es decir, finalmente son la expresión y la respuesta, los ejercicios, al espíritu de una época cartesiana, que en su performance, trató de responder con un “método” al espíritu cartesiano de la época. Lejos quedaría el sentido patrístico que nos invita a comprender “que todo gesto, palabra u oración resulta pequeño ante el misterio de Dios”.

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