Mensaje ambiental del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Su Toda Santidad Bartolomé

Address at the Opening of the Fourth Summer Seminar on Halki

Environment and Justice- Ambiente y Justicia.

June 25, 1997

Es un hecho que el cuidado del ambiente ecológico constituye una pregunta urgente para cada una de las personas humanas. En ese contexto el Patriarcado ecuménico, como iglesia madre ha promovido una serie de iniciativas, uniéndose a otras voces para promover de manera diligente la protección del mundo material, como campo de inclusión de lo espiritual. La Iglesia, por su amor en Cristo tiene que dar cuenta y estar atenta de la extinción de los seres humanos. Ella tiene una responsabilidad con enseñanza de la fe y con su práctica. La palabra de la verdad y el compromiso de la Iglesia con ella obligan a importantes responsabilidades por parte de los creyentes.

Las acciones se deben al amor y al sentido de la responsabilidad, de tal manera que podamos hablar de la verdad y estar al servicio de nuestros hermanos los seres humanos. Como expresión de ese compromiso, todos los años se organizan una serie de rondas académicas en el sagrado monasterio de la Toda Santísima Trinidad en Halki.

La raíz de la crisis ambiental contemporánea, siguiendo un eje de reflexión aristotélica y bíblica, tiene su raíz en la falta de justicia, y en la falta de una adecuada comprensión de la virtud que poseen las virtudes. El Patriarca ha citado el conocimiento de Aristóteles, cuando el filósofo ha afirmado que toda virtud está contenida en la justicia. No es simplemente un asunto de ajustarse a la ley; la persona justa tiene una noción más alta de la justicia: entiende la perfecta relación de todas las cosas entre ellas. Cita de la vida de san José, esposo de María, la ley judía y romana, le hubieran permitido condenarla por un embarazo, que en el sentido humano era el resultado de una unión ilícita. San José, superó la justicia, ya que optó no por la denuncia que hubiera podido ejercer en el terreno legal y con ello hubiera acarreado la prescripción de la muerte de María.

El hombre se apartó de la virtud de la justicia. Eso lo explica mediante una referencia al Antiguo Testamento. Esa ruptura adámica con la justicia rompió la relación de amor y confianza hacia Dios. Como resultado hemos llegado a sentir nuestra propia vulnerabilidad; hemos sentido remordimiento, miedo a la muerte, temor y ansiedad (Gen 2.9-11). Nuestra actitud, siguiendo a Adam, es culpabilizar a Dios de nuestras faltas. La humanidad ha sido arrogante en sus luchas por la autodeterminación. Hemos luchado por ser como dioses o Dios mismo. Los sustitutos humanos para la verdadera esperanza son falsificaciones que se apartan de los esfuerzos por establecer un fundamento verdadero y firme en Cristo. Sólo la confianza en él y en su nuestro amor por él es que podemos superar el miedo.

Vemos a la humanidad evadiendo el miedo mediante la acumulación de riquezas y la manufactura de armamentos. Con ello nos vengamos y destruimos a nosotros mismos. Abusamos del mundo natural dados unas carencias psicológicas y apoyados en unas necesidades psicológicas falsas, ligadas a una autosatisfacción, una vida de lujos. El 20% de la humanidad consume el 80% de la riqueza del mundo. Ese 20% es el culpable en gran medida de la catástrofe ecológica del mundo. Esta injusticia tiene consecuencias directas en la ecología del ambiente. Esta minoría financiera no es la única causa del desastre ambiental, Toda persona dominada por miedos instintivos y que intenta explotar y expoliar al planeta tiene su cuota de responsabilidad. Tenemos que estudiar las causas de los problemas ambientales: sobrepesca, cacería irracional, uso excesivo y peligroso de los recursos. No podemos permanecer en el silencio. Sólo si hay una comprensión justa de cada uno de nosotros y de nuestra responsabilidad para trabajar juntos, se podrá hacer del mundo un mejor planeta, para todos, en un esfuerzo universal. Así podremos tener la esperanza de un mejor mundo.

Bartolomé, Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

Mensaje traducido y sintetizado por Felipe Cárdenas, Profesor Universidad de La Sabana, Colombia.

felipe.cardenas@unisabana.edu.co

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