Nuestra sociedad

No hay que olvidar que la sociedad moderna —en la cual tiene que trabajar la investigación— es un sistema policontextural que permite un sinnúmero de descripciones acerca de su complejidad. Por eso, difícilmente podrá esperarse de la investigación que pueda imponer socialmente una descripción monocontextural —por lo menos tratándose de teoría de la sociedad. 

Observada desde la posición constructivista, la función de la metodología no consiste únicamente en asegurar una descripción correcta (no errónea) de la realidad. Más bien se trata de formas refinadas de producción y tratamiento de la información internas al sistema. Esto quiere decir: los métodos permiten a la investigación científica sorprenderse a sí misma. Para eso se vuelve imprescindible interrumpir el continuo inmediato de realidad y conocimiento del cual proviene la sociedad.

Que en la discusión sociológica domine la confrontación entre métodos cuantitativos y cualitativos es algo que más bien distrae de los verdaderos problemas. Lo que sobre todo no queda aclarado es cómo la distancia frente al objeto puede transformarse en ganancia de conocimiento, y cómo el conocimiento del medio (de participantes socialmente experimentados que se supone contestarán las preguntas) puede confirmarse y, a la vez, supe- rarse a través de la comunicación social. Obviamente no es respuesta a esto el que se traten las expresiones correspondientes como ‘datos’.

La recomendación metodológica habitual se formula con el concepto de variables y se pregunta por las relaciones de éstas y, dado el caso, por las correlaciones y las condiciones de las que dependen. Donde la investigación se lleva a cabo en forma de proyecto, las pocas variables que pueden manejarse se toman como si constituyeran un ámbito cerrado; todo lo demás se considera indiferente gracias a una ficción introducida metodológicamente. Con eso se ignora (o por lo menos se pone entre paréntesis por razones metodológicas) que la relación entre lo que se incluye y lo que se excluye está regulada por los mismos sistemas sociales, además de que la utilización del sentido en los sistemas sociales siempre lleva aparejadas referencias a lo desconocido, a lo excluido, a lo indeterminado, a las carencias de información, a la ignorancia. 

 El que las identidades de sentido (objetos empiricos, simbolos, signos, numeros, frases…) solo puedan producirse recursivamente tiene consecuencias  epistemologicas de gran alcance. De esta manera, por un lado, se esclarece que el sentido de dichas identidades se extiende mas alla de lo que se capta en el momento de la operacion de observacion; por otro, precisamente esto no quiere decir que dichos objetos se ‘den’ desde siempre, incluso cuando no se observan. Se aprecia todavia, por debajo de las premisas de la concepcion tradicional logico-ontologica de la realidad, otro nivel, otro ocurrir operativo donde principalmente se constituyen los objetos y la capacidad de senalarlos. En la medida en que las recursiones remiten a algo pasado (al sentido ya conocido, ya probado), remiten unicamente a operaciones contingentes cuyos resultados estan disponibles en la actualidad; no remiten, por consiguiente, a origenes fundantes. Y en la medida en que las recursiones remiten al futuro, envian a posibilidades de observacion infinitamente numerosas, esto es, al mundo como realidad virtual —e la que no puede saberse todavia si sera alimentada por sistemas (.cuales?) a traves de operaciones de observacion. El sentido es, entonces, a todas luces una forma de operacion historica, y solo su utilizacion enlaza el surgimiento contingente y la indeterminacion de aplicaciones futuras. Toda determinacion tiene que hacer uso de este medium, y toda inscripcion en el tiene como unico fundamento su propia facticidad recursivamente asegurada.

Véase con más detalle en: Niklas Luhmann, La sociedad de la sociedad 

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