“Argentina grasita, morena y latinoamericana”

Pocas horas después del comicio del 14 de Mayo de 1989, di forma a una colaboración, que con el mismo título que la presente, La Reforma, de General Pico, provincia de La Pampa, Argentina, publicó en sus ediciones de los días 21 y 22 de Junio de ese año.

Desde nuestra primeras colaboraciones en esta hoja amiga, sentamos nuestra opinión, acerca que la pluralidad es la característica distintiva de la argentinidad. Esta característica del país de los argentinos, quizás no sea difícil de explicar, pero me sigue pareciendo que es difícil de asumir por sectores, electoralmente minoritarios, pero con un significativo poder de influencia en nuestro país.

Esta apreciación, está demasiado emparentada con mi historia personal, por lo que esta colaboración, acredita el apotegma que “todo escrito es autobiográfico”.

Allá por 1966 o 1967, llegó a mis manos el libro de Alfredo Mofatt, Estrategias para sobrevivir en Buenos Aires. Seguramente me impactó su lectura porque se aproximaba a lo que yo ya presentía. Mofatt, establecía en lo que ahora se llama el “Área Metropolitana de Buenos Aires”, tres culturas: la ejecutivo, la empleado y la cabecita. Y a cada una de ellas les otorgaba ciertas características.

Pasaron muchos años hasta que me encontré con las obras de Saúl Taborda y Rodolfo Kusch. Ello fue hacia fines de 1984. y mas recientemente me enteré de aspectos de la obra de Bernardo de Canal Feijoo, emparentados con la línea de interpretación de la realidad argentina, que creo campea en estos autores, del que sólo sobrevive Mofatt, ignorando si todavía piensa como en esa su obra temprana.

En ellos, como en otros pensadores, hay una referencia obligada al Facundo de Sarmiento.

Por eso al coincidir mi acceso a estos pensadores argentinos, no demasiado divulgados, con la emergencia de Carlos Menem, como caudillo con proyecciones nacionales, no puedo dejar de asociar, toda la carga simbólica que estos pensadores han creído ver en esta obra sarmientina de 1850, con toda la carga simbólica que emana del recientemente reelegido presidente de los argentinos.

Respecto al Facundo, de Sarmiento existe una corriente interpretativa, que entiende que una de las características distintivas de la argentinidad, es precisamente, todo aquello, que Sarmiento resalta como algo condenable, estigmatizándolo como barbarie. Está fuera de toda duda, que Facundo fue escrita como un alegato político para la circunstancia histórica y no había en esa obra pretensión de imparcialidad u objetividad. Incluso puede entreverse en la última obra del prolífico Sarmiento, Conflictos y armonías de razas en América, algunas coincidencias de esta línea interpretativa que comentamos y a la que adscribimos. De esta línea, que algunos calificaron como “facundismo”, recordamos al pensador cordobés Saúl Taborda, que allá por 1935, en los editoriales de la revista FACUNDO, más precisamente en su “Meditación de Barranca Yaco”, Taborda, encuadra en el concepto de “lo facúndico” la clave identificatoria de lo argentino. Taborda falleció en 1944, y desde entonces hubo quienes en forma minoritaria fueron rescatando su pensamiento.

No tuvo oportunidad de vivenciar la irrupción del peronismo en “la fluencia vital” argentina (el concepto de fluencia vital, también le pertenece), aunque lo preanunció en una conferencia que pronunciara en 1933, en la Universidad Nacional del Litoral y que se publicara como “La crisis espiritual y el ideario argentino”. A la idea de lo facúndico, Taborda la asoció con la “pedagogía del genio nativo”. Aunque me da la impresión, en el estado actual de mis conocimientos de su obra, que dio mas importancia a la influencia de las comunidades de Castilla, que a la componente aborigen, aprecio que la misma está contenida en lo facúndico. Los que sí dieron cabida al componente aborigen de la argentinidad fueron, Kusch y Canal Feijoo. Kusch es posterior a Taborda, y las obras que he consultado no aparecen referencias a Taborda, pero sí a Canal Feijoo, particularmente a su obra de 1954, “Confines de Occidente”. El marcado antiperonismo de Canal Feijoo, como el de Martínez Estrada, enervaron toda tarea intelectual de ligar al Facundo con el peronismo. No ocurrió lo mismo con Kusch, quien partiendo desde las posturas antiperonistas predominantes en los ambientes académicos de las décadas del 50 y 60, comprendió en el final de su trayectoria la vinculación entre el mencionado concepto y el fenómeno peronista, y ha encontrado aceptación en las jóvenes camadas intelectuales del peronismo.

Por mi edad, estoy frisando los 48 años, vengo del tiempo en que mencionar el término peronismo, traía problemas legales o de discriminación social. Tal vez por esos resabios, residentes en los vericuetos de mi conciencia, creo adecuado consignar a esta altura del ensayo, que en el mismo haré referencias al peronismo como componente de la cultura argentina, entendiendo el concepto de cultura, tal cual lo hace la Antropología Cultural de origen norteamericano, disciplina que cultivo, por cuanto me resulta sumamente fecunda en mi permanente indagación de la cuestión argentina. En ese marco teórico, encuadro al símbolo Menem. No desearía, que aquellos compatriotas que no comulgan con Menem ni con el Peronismo, se sintieran molestos por las recurrentes referencias que haré hacia los componentes antropológicos de este movimiento y de este caudillo, de quienes los lectores de este medio me saben explícito partidario.

Consciente, que estoy abordando un tema delicado, y con la decidida intención que pueda ser comprendido, por todo aquel que tenga la generosidad de leerlo, debo necesariamente realizar algunas precisiones teóricas. La realidad no suele ser tan precisa como las ideas plasmadas o no en un papel. Incluso hasta se puede dudar si dos mas dos son cuatro, según el esquema matemático que se emplee. Toda teoría es una representación simplificada de una parte de la realidad, y por ello para no distorsionar las cosas vale la pena buscar aquellas herramientas que expresen lo mas fielmente posible aquel sector de la realidad que se intenta describir e explicar.

Por eso en este desarrollo, vamos a apelar a la noción de espectro o de gama. Por ejemplo el “arco iris ” es un espectro. Allí, las fronteras donde un color deja de serlo y empieza a ser otro color, son casi imperceptibles. Las definiciones tajantes, las que marcan límites precisos, no cuadran con cualquier análisis que considere un espectro o gama de posiciones. De allí que las posiciones más nítidas son las que están en los extremos del espectro y entre ellos, una infinita gama de posibilidades intermedias. Alguno podrá argumentar en contra de este esquema de interpretación la noción de termino medio, que viene de Aristóteles, pero el concepto de espectro nos parece adecuado para este intento.

Considerando la fluencia vital argentina en este momento de su desarrollo (otoño de 1995), me arriesgo a afirmar que en un extremo del espectro está lo que denomino la Argentina “grasita”, mientras que en el otro extremo del espectro está la Argentina “no grasita”. El término “grasita”, lo tomo de Eva Perón: Evita.

Al momento histórico de la irrupción del peronismo en la vida Argentina (en el año que corre se cumple medio siglo del 17 de Octubre), los opositores al mismo calificaron a los seguidores del mismo con los motes estigmatizantes de “aluvión zoológico” o de “cabecitas negras”. Evita, transformó aquel estigma prejuicioso (que aún subsiste), en el término “grasitas”, como un emblema identificatorio de aquella, ya franja mayoritaria de la población argentina. Por ello, creo que el término grasita, no puede hoy resultar ofensivo para nadie. Me resultó sí problemático, encontrar una denominación no ofensiva para el otro extremo del espectro. Estimo que identificarlo como la Argentina “no grasita”, a la vez que no resulta descalificatorio, resulta útil al presente desarrollo.

Deseo aclarar (este tipo de abordajes necesita de muchas aclaraciones o precisiones), que considero a ambas Argentinas componentes inescindibles de la argentinidad, adelantando que subyace en todo nuestro quehacer una búsqueda afanosa de una unidad nacional, que potencie recíprocamente a ambos extremos del espectro teórico del que hacemos uso.

Puestos a identificar a los extremos del espectro abarcativo de la argentinidad, empecemos por la punta “grasita”.

En la colaboración que mencionamos más arriba, como en otra titulada “Menemtroika y Latinoamericanización”, que La Reforma publicó el 23 de Abril de 1993, hacíamos referencia como completamiento del termino grasita a los términos “morena” y “latinoamericana”. Como la temática de la presente colaboración, comprende a uno de los tema que mas me apasiona, creo refinar en el análisis, al visualizar a lo aborigen como un concepto, que comprende por igual, a una parte importante de lo grasita, de lo moreno y de lo latinoamericano.

Debo agradecer a nuestro conocido Miguel Serralta, la oportunidad de profundizar en la cuestión aborigen, cuando me permitió que entre 1989 y 1990, que lo acompañara en las áreas oficiales del gobierno Nacional, que tienen incumbencia en el tratamiento de la problemática aborigen del país. Portando sangre guaraní, por vías materna y paterna, gracias a la oportunidad de Serralta, pude empezar a asumir a nivel personal y social, la componente aborigen de la argentinidad, particularmente, la que hace a la Argentina Grasita.

Por aquello que “uno es hijo de su tiempo” (concepto del antropólogo Melvin Herkowits en “El hombre y su obra”), estamos en un tiempo en que los cenáculos intelectuales y los organismos internacionales, están sensibilizados por la cuestión de los pueblos aborígenes. Las cláusulas que al respecto se han incorporado al nuevo texto constitucional argentino, son una prueba. La historia argentina, desde Caseros a los tiempos actuales, generó distorsiones en lo que hace a la influencia aborigen en la conformación de la Argentina. Por un lado los casi tres siglos que transcurrieron desde la llegada de los españoles a estos lares, y el traumático proceso de mestizaje cultural y biológico, hicieron que al período que medio entre Mayo y Caseros, no se hiciera explícito que el criollo tenía un componente aborigen. De algún modo o ello se daba por supuesto o más bien, se ocultaba en forma vergonzante. De todos modos en ese periodo había una referencia constante a los “indios” y abundan testimonios de ello, incluso en la intención de algunos de los hombres de la Emancipación de coronar a un príncipe inca. Mas la emancipación y la Organización Nacional, se hicieron bajo la impronta de la cultura occidental. La Emancipación americana y la Revolución Francesa, eran el paradigma de la “civilización”. Ese fue el credo de los que construyeron la Argentina. Esa fue la ideología de las doctrinas de Sarmiento y Alberdi. Y en ese clima, debe comprenderse porque se procedió como se procedió. Y ese plan para combatir a la “barbarie”, se hizo con ideas del Occidente europeo y norteamericano y con inmigrantes de ese occidente europeo.

En sus precarios bagajes, la inmigración europea volcó un torrente de occidentalidad a la Argentina (Comentario: a la fecha, octubre de 1998, estoy dudando de esa afirmación). El impacto cuantitativa y cualitativamente, fue tan grande, que el componente criollo, quedó como oculto, y por qué no, marginado. La dirigencia argentina de la época, puso en marcha un andamiaje institucional (tal vez su ingrediente mas contundente fue el sistema educativo), y el propósito de esa conjunción era hacer “una Europa en América”. Este amasijo institucional inmigratorio, generó un modelo cultural dominante y por ello, el referente al que de algún modo intentaron acercarse los criollos (entonces no se conocían conceptos como grasita). El vaso comunicante entre esa Argentina europeizante y la Argentina criolla, fueron sin duda los maestros y los profesores, entusiastas adoctrinadores del credo del progreso occidental; cruzados en la lucha contra la barbarie.

Así fue resultando con el transcurso del tiempo que los descendientes de inmigrantes, fueron siendo los protagonistas de todo el desarrollo institucional, y se cumplió el vaticinio del General Roca, cuando contemplando el desembarco de inmigrantes, señalo a los futuros dirigentes del país. Ello comenzaría a partir de la vigencia de la Ley Saenz Peña en 1912.

El golpe de Estado de 1930, es una prueba que el sector dirigente tradicional no soportó, que la masiva inmigración europea y sus descendientes los desplazaran, sufragio mediante, de las posiciones del sistema político. La incipiente industrialización que se produjo a partir de la década del Treinta, atrajo desde el interior a los alrededores de la Capital Federal argentina (Buenos Aires) a grandes contingentes de argentinos criollos del interior. El peronismo encuadraría toda esa migración, pero asimismo, los gobiernos peronistas de la época, generaron la última inmigración masiva europea luego de la Segunda Guerra. Y por ese entonces todavía hacían sentir su impronta los torrentes de migraciones europeas de fines del siglo anterior y principios del actual. Las proscripciones que experimentó el peronismo entre 1955 y 1983, retrasaron la traducción electoral de un cambio que se iba produciendo en el seno de la sociedad. Las migraciones europeas desaparecieron, y sus descendientes adoptaron las pautas de natalidad de los países de Occidente. En otras palabras tenían pocos hijos. Los criollos, así como la migración de los países limítrofes, siguieron teniendo familias numerosas. Y comenzó a detectarse un fenómeno que preocupa en los Estados Unidos: lo que allí denominan hispanización: Argentina se comenzaba a latinoamericanizar, aludiendo así a la creciente presencia de población con pautas de cultura aborigen, que asimilaban la cultura occidental de un modo distinto, a como asimilan dicha cultura los argentinos descendientes de europeos.

Y a esa diferencia cualitativa (no hay un sector más inculto que el otro, sino que nos encontramos ante distintas culturas), se suma el hecho que las diferentes tasas de fecundidad, generan una mayoría creciente de lo que denominamos Argentina “grasita”. Y ello se viene traduciendo y lo seguirá haciendo a nivel electoral, aunque todavía la potencia electoral de la Argentina grasita siga poniendo en posiciones institucionales a hombres y mujeres de la Argentina no grasita. Empero ya se notan avanzadas como las de Palito Ortega, Duhalde, el “Chiche” Aráoz o el Chango Díaz (por citar a algunos de notoriedad). Tal vez por este tiempo nos sugiera algo más, la sangre aborigen que tenía en sus venas el General Perón, y que seguramente lo impulsara a escribir su “Toponimia araucana”, a comienzos de la década del Treinta…

Reitero, lo sostenido en la colaboración arriba mencionada (“Menemtroika y Latinoamericanizacíón”), que la bailanta (Nota: fiesta especifica de los sectores grasitas donde se interpretan y bailas músicas latinas y del interior argentino) es un producto cultural de la Argentina, grasita, morena y latinoamericana. De allí el éxito de la “mona” Giménez o de Ricky Maravilla. Ellos, y otros como ellos (¿por qué no mencionar a Maradona?) son elocutores de la cultura de la Argentina grasita, esa que es mayoría abrumadora fuera de la Pampa Húmeda y en los bolsones de pobreza que rodean a las metrópolis argentinas situadas dentro de la Pampa Húmeda.

A mi juicio, el tratamiento de la problemática de la pobreza en la Argentina, es un tema donde aflora la necesidad de asumir la realidad de la mayoría creciente de la argentina grasita, que como viene demostrándose tiene sus propias pautas culturales. Hay un prejuicio demasiado extendido entre quienes pertenecen a la Argentina no grasita, en confundir con falta de instrucción, a la cultura distinta que porta la Argentina grasita.

La mayoría de las instituciones formales de la Argentina, y particularmente la universidad, es un ámbito, donde las pautas culturales de la Argentina no grasita, son hegemónicas. Ello conlleva que los encargados de diseñar e implementar políticas públicas de ataque a la pobreza extrema, lo hagan, y ello es lógico desde sus propias pautas culturales. Ello a la vez que traducirse en una ineficacia de su quehacer, señala una fuente de potencial conflicto, atento las magnitudes crecientes de la Argentina grasita. Tal vez el gran desafió de la Argentina no grasita, será el tomar conciencia que hay otra cultura dentro de una misma Nación. Uno puede llegar a interpretar los trágicos desencuentros de las pasadas décadas argentinas, como el no haber querido asumir, por parte de la Argentina no grasita, a la otra cultura mayoritaria.

En un contexto de globalización inexorable, cuyos paradigmas son la Democracia republicana y la economía de mercado, debiera prestarse atención a la necesidad de que la vigencia de dichos paradigmas, debe procesarse sobre el respeto irrestricto de las pautas culturales de cada una de las personas o grupos existentes en cualquier país. La cuestión de los particularismos, que estalla por doquier, es una sugerente invitación a adentrarse en la problemática que planteamos, con las limitaciones lógicas de todo abordaje monográfico en una colaboración periodística.

El nuestro no es un enfoque realizado desde esquemas marxistas interpretativos de la realidad, ni por algunas corrientes intelectuales indigenistas en boga. Admitimos que es un enfoque minoritario y sujeto a los errores de toda opinión. Mas considero, que teniendo como paradigma la unidad nacional argentina, lo que aquí hemos venido desarrollando, es una cuestión que no podremos soslayar por mucho tiempo más, y que cuanto antes la abordemos, nos evitara los dolores, (la televisión los refleja), que flagelan a otras porciones de nuestro planeta.

No me parece redundante a título de colofón, reiterar mis disculpas, a quienes puedan sentirse molestos por las consideraciones formuladas en la presente colaboración. Expresarse sin eufemismos y sin reservas mentales, aun sin agraviar, suele ser duro. (20 de Mayo de 1995)

Publicado en La Reforma (de General Pico, La Pampa), 9, 10, 11 de junio de 1995. Números 23.084, 23.085 y 23.086.

© José Luis Gómez-Martínez
Anuncios

Acerca de Similinum

Creadores de vida por excelencia
Esta entrada fue publicada en amor, Argentina, capitalismo, Córdoba-Argentina, criollos, indios, mestizaje, Política, semiótica, ser humano, siglo XXI y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s