La encrucijada del Derecho Internacional: El Caso de Palestina

Por: Ricardo Sánchez Ángel

En mi opinión, los hechos más importantes que están sucediendo hoy en el mundo son, por un lado, el movimiento de los esclavos en los Estados Unidos, iniciado por la muerte de John Brown, y, por otro, el de los siervos en Rusia…

Acabo de ver en Tribune que ha habido un nuevo levantamiento de esclavos en Missouri, aplastado, naturalmente. Pero la señal ha sido dada ahora. Si las cosas se tornan serias pronto, ¿qué será entonces de Manchester?

Carta de Carlos Marx a Federico Engels, enero 11 de 1860.[1]

I

Lo que está en curso en este año del 2009 es la continuidad a escala ampliada de la masacre, genocidio, crimen, contra el pueblo palestino por parte del Estado de Israel. Se trata del drama humano más grave de nuestra historia contemporánea. Por la larga duración de la agresión, por lo sistemático de las acciones criminales, por la desidia e insolidaridad de los gobiernos árabes y de los pueblos del mundo.

En torno a la tragedia palestina se ha constituido la banalización de la muerte colectiva de todo un pueblo, en especial los más  indefensos: niños, mujeres y ancianos. Se ha sumido en una contemplación depresiva de la humanidad, no obstante el heroísmo de los palestinos por resistir y sobrevivir.

La guerra mediática que justifica y glorifica subliminalmente los bombardeos del ejército de Israel constituye el otro frente de la infamia. Justificando las acciones de exterminio contra el llamado terrorismo de Hamas (la organización mayoritaria y legítima, que es gobierno representativo), los medios y los gobiernos de Israel y Estado Unidos, se maquillan ante lo que es un crimen de humanidad.

Es la milenaria lucha entre David y Goliat, en la que las rústicas armas de los palestinos, no compiten en nada con la maquinaria de guerra de los israelíes, que incluso poseen armas nucleares. Israel invade con un ejército y armas de destrucción masiva como las bombas de fósforo blanco. Palestina no tiene ejército y usa  precarias armas convencionales. Las bombas y suicidios para matar civiles israelíes son inaceptables, además de ser estratégicamente inútiles[2].

Edward Said nos da esta pauta: “Hay una enorme diferencia entre la desobediencia organizada o la protesta masiva, por una parte, y hacerse volar uno mismo junto con unas cuantas personas inocentes, por la otra. Hay que afirmar estas diferencias de forma clara e inequívoca, y se la debe incorporar de una vez por todas a cualquier programa palestino serio.”[3]

 

No se puede vivir y sobrevivir sólo de heroísmo. El admirable pueblo palestino requiere que su justa y legítima causa sea asumida con dignidad, altivez y contundencia por todas las gentes sencillas del mundo. Debe ser una movilización tan amplia, sostenida y contundente que obligue a los genocidas a cesar en su exterminio, y coloque la causa palestina en el lugar que le corresponde: una nación laica, moderna, democrática y partícipe de la comunidad internacional, de la que ha sido excluida -sólo tolerada como paria-, a la que se le conceden migajas de la ayuda humanitaria. Ayuda que pretende disfrazar ante la opinión internacional la gravedad de lo que ocurre.

 

Edward Said, el gran intelectual palestino, concluyó la Introducción a sus Nuevas Crónicas Palestinas, con esta reflexión:

 

Para ello necesitamos ser conscientes de que Palestina es una de las grandes causas morales de nuestra época. No es una cuestión de trueques, ni de negociar intercambios, ni de hacer carrera. Es una causa justa que debería permitir a los palestinos obtener y conservar su ventaja moral.[4]

 II

 La verdadera estrategia del estado israelí es constituir el gran Israel bíblico, el sueño delirante de los sionistas, la organización conformada por fundamentalistas religiosos, grandes financieros, propietarios de medios de comunicación en Estados Unidos, comerciantes de armas…

 

El Estado de Israel viene de sufrir una colosal derrota por parte de Hezbolá en el 2006, cuando invadió El Líbano. Desde 1948 el Líbano fue refugio para los palestinos expulsados de su territorio, lo que se reeditó en la guerra de 1967. En 1982, el ejército de Israel realizó la matanza de Sabra y Shatila, campos de refugiados de los palestinos. Este país, ha sufrido cuatro invasiones por Israel, respaldadas por los Estados Unidos.

 

En esta coyuntura se ha evidenciado el carácter corrupto de sus gobernantes, como Sharon, Ehud Barak y Ehud Olmert. En la sociedad israelí hay voces de historiadores e intelectuales que realizan una desigual lucha de revisión y oposición al exterminio de palestinos y a sus pretendidas justificaciones. Es de esperar que muchos judíos en el mundo estén en contra del genocidio adelantado por sus gobernantes. Al igual que saben que somos millones los que rechazamos siempre el antisemitismo y propugnamos el no olvido del genocidio judío.

 

Situados en Nuestra América, tenemos profunda sensibilidad por estas tragedias humanas, porque hemos vivido igualmente la constelación del horror: el genocidio de nuestros aborígenes, de nuestros antepasados por parte de los colonialismos español, inglés, portugués y francés. Al igual que el otro gran genocidio: el del africano traído a nuestros países e incorporado como población esclava en el período de conformación del capitalismo mundial, con sus métodos de violencia, despojo y exterminio. En una bella novela, La Ceiba de la Memoria, el colombiano Roberto Burgos Cantor, ha recreado el círculo herrumbroso del exterminio del negro esclavo en la colonial Cartagena de Indias y el exterminio judío en el campo de concentración de Auschwitz[5].

 

La política de Israel de convertirse en el Gran Israel bíblico descansa en dos mitos fundadores: ser el pueblo elegido por el dios de la Biblia y tener derecho a la tierra prometida: “18:En aquel día hizo Jehová un pacto con Abraham diciendo: a tu descendencia daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates;19: la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, 20:los heteos, los ferezeos, los refaítas, 21:los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”[6]

 

La líder histórica de Israel, la señora Golda Meier, dijo de manera clara y brutal: “No existe el pueblo palestino. Esto no es como si nosotros hubiéramos venido a ponerles en la puerta de la calle y apoderarnos de su país. Ellos no existen.”[7]

 

Los palestinos devienen así en los innombrables, tal cual lo eran los judíos para los nazis. A lo sumo son habitantes indeseables en los territorios ocupados colonialmente por el militarismo estatal de Israel. Y por supuesto, cada vez con más fuerza en terroristas islámicos.

 

Giorgio Agamben ha estudiado el asunto de las víctimas judías. Nos da esta clave, que quiero utilizar como analogía frente a los palestinos. “Lo intestimoniable tiene un nombre. Se llama en la jerga del campo, der Muselmann.” Son los humanos convertidos en cuasi humanos, en despojos, en idiotas impotentes, aislados, sin posibilidad de ser mirados ni visibilizados. Son los inexistentes que están allí, en tal situación extrema en la que lo humano es ya no-humano. Muertos de hambre de manera planificada. Concluye Agamben:

 

A veces figura nosográfica y a veces categoría ética, límite político y concepto antropológico alternativamente, el musulmán es un ser indefinido, en el que no sólo la humanidad y la no humanidad sino también la vida vegetativa y la de relación, la fisiológica y la ética, la medicina y la política, la vida y la muerte transitan entre ellas sin solución de continuidad. Por eso su “tercer reino” es la cifra perfecta del campo, del no-lugar donde todas las barreras entre disciplinas se arruinan y todos los diques se desbordan.[8]

 

A esta situación es a lo que conduce el mandato maldito de Golda Meier: No existe el pueblo palestino. El musulmán de Auschwitz no desapareció con la derrota nazi y la muerte de Hitler, renace de tanto en tanto y ahora lo está, en la pretensión de que sea encarnado por los palestinos. Expresión delirante del ultra racismo.

 

Desde la gran literatura, Vassily Grossman, en su monumental Vida y Destino, nos da esta clave sobre lo mismo:

 

Un Brenner experimentado puede determinar a partir de un montículo cuántos cuerpos yacen dentro de una fosa: cincuenta, cien, doscientos, seiscientos, mil…El Scharfuhrer Elf exige que a los cuerpos se les llame figuren, cien figuras, doscientas figuras, pero Rosemberg los llama: personas, hombre asesinado, niño ejecutado, viejo ejecutado…Los llama así en voz baja, de lo contrario el Scharfuhrer descargaría nueva gramos de metal contra él, pero sigue musitando obstinadamente: “Ahora sales de la fosa, hombre ejecutado…Niño, no te agarres a tu mamá con las manos, os quedaréis juntos, no te irás lejos de ella…”[9]

 

En la combinación biopolítica de dispensar muerte y vida, el Estado de Israel extermina a centenares de palestinos -al momento de escribir esto, en la ofensiva en curso van más de 1.350 palestinos asesinados y 5.000 heridos-, confina en guetos, campos de concentración a parte de la población y a la otra la expulsa como náufragos del planeta. Esta operación militarista colonial tiene cuatro caras: 1) Exterminar, 2) Invisibilizar en campos de concentración, 3) Expulsar, 4) Ocupar y anexar territorios.

 

 

 

III

 

 

La fundación histórica del Estado de Israel está basada en la violencia. Los acuerdos de las Naciones Unidas de 1947 para dividir Palestina, promovidos por Gran Bretaña dieron como resultado que Israel se apoderara del 78% de Palestina en 1948. El 22% restante, correspondiente a Cisjordania, Gaza, Jerusalén, Sinaí (Egipto) y los Altos del Golán (Siria), fue ocupado en 1967.

 

Comenzaron destruyendo 531 aldeas árabes -hecho documentado por los historiadores revisionistas judíos Bemy Morris, Ilan Pappe, Avi Schlain, Tom Seger-, y desde entonces la guerra de exterminio, expulsión, confinamiento y anexión ha sido lo permanente en la política exterior de Israel. El baño de sangre más expresivo de esta violencia fundadora fue lo ocurrido en Deir Yassin el 9 de abril de 1948, donde 254 habitantes, niños, mujeres, ancianos, hombres, fueron masacrados por las tropas israelíes (del Inguín) dirigidas por Menahem Begin.

 

Danilo Zolo nos recuerda lo siguiente:

 

Así, el pueblo palestino bajo ocupación militar es acusado de ser la cuna del terrorismo islámico, en particular del terrorismo suicida, y con ello se olvida que, entre otras cosas, los primeros actos terroristas en Palestina fueron realizados por  organizaciones hebraicas, tales como la banda Stern, guiada por Yitzhak Shamir, y la banda Irgun Zwai Leumi, comandada por Menahem Begin, célebre por la masacre de Deir Yassin. Los atentados contra la población israelita de parte de los militantes de Hamas y otras organizaciones radicales son calificados y universalmente estigmatizados como terroristas. Al mismo tiempo, las operaciones devastadoras del ejército israelita, que, violando numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad, sigue ocupando los territorios palestinos, son calificadas, a lo sumo, como violaciones del derecho de guerra (o del derecho humanitario). Y esto sucede también cuando atacan indiscriminadamente a la población civil, así como en el caso de los llamados “asesinatos dirigidos”, que, además de ser ilegales en sí mismos, a menudo producen la muerte o la mutilación de numerosas personas inocentes.[10]

 

Los distintos gobiernos de Estados Unidos, republicanos y demócratas, han apoyado esta estrategia de guerra terrorista permanente de Israel, y la han dotado de jugosas ayudas. Desde 1967 al 2002, los Estados Unidos entregaron más de doscientos mil millones de dólares en ayuda económica y militar incondicional, y esta ayuda no ha cesado de fluir al día de hoy.

 

Los gobiernos  árabes han sido condescendientes, en mayor o menor grado, de esta prevalencia israelí. Incluso humillados por el militarismo sionista como en el caso del Egipto derrotado en la guerra de los seis días de 1967 y ocupado parte de su territorio. El gobierno de Egipto es hoy el principal receptor en el mundo de ayuda militar de Estados Unidos, con dos mil millones de dólares al año. El segundo es Israel y el tercero Colombia.

 

Gobiernos como los de Siria e Irán, que enfrentan la hostilidad de Israel y Estados Unidos, brindan una solidaridad menor a la que sus pueblos dan y exigen para la causa palestina. En Nuestra América, los gobiernos de Brasil, Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, así como en Centroamérica están activos en la solidaridad ante la actual agresión israelí en Gaza. Distintas movilizaciones de protesta se realizan en el mundo.

 

IV

 

El liderato palestino ha sido sometido a duro escrutinio: el forjado por Yasser Arafat y la Organización de Liberación Palestina devino en una frustración. Se conformó como una Autoridad Palestina que utilizó la represión contra su propio pueblo y los disidentes políticos, permitiendo un entorno de corrupción y haciendo gala de una gran improvisación en los asuntos del gobierno y las negociaciones de paz. La causa palestina, de obtener en los años setentas y ochentas, solidaridad y prestigio en el mundo, se vio sometida a su marchitamiento producto de cambios drásticos en la situación política mundial. Sin duda la estrechez de la Autoridad Palestina contribuyó a ese marchitamiento. Dice a favor de Arafat y la OLP, el haber retirado de su programa la consigna de: la destrucción del Estado de Israel, su desconocimiento a existir.

 

Tariq Ali, un experimentado militante internacionalista y coeditor de la revista New Left Review, en un reciente artículo, titulado El gueto de Gaza y la hipocresía occidental, llama la atención sobre el carácter de la nueva dirección en curso, la de Hamas. Esta organización rechazó la capitulación de los acuerdos de Oslo de 1993, aprobados por Arafat, así como los de Taba y Ginebra, claramente desfavorables a los palestinos y destinados a consolidar la paz armada de Israel.

 

Frente a la Autoridad Palestina financiada y apoyada por distintas fuentes, especialmente árabes, dice Tariq Ali:

 

Hamas ofreció la alternativa de su propio ejemplo. Sin los grandes recursos de su rival estableció clínicas, escuelas, hospitales, formación profesional y programas de bienestar para los pobres. Sus jefes y cuadros viven frugalmente, al alcance de la gente corriente. Es esta respuesta a las necesidades cotidianas la que se ha ganado  amplias bases que la apoyan.[11]

 

Pero de igual manera señala como crítica esta limitación de la organización: “Hamas carga con un pasado fardo desde su formación y es la flaqueza del nacionalismo palestino: la creencia que sólo habría dos posibilidades, o el completo rechazo de la existencia de Israel o la aceptación del desmantelamiento de Palestina, hasta ser reducida a una quinta parte de su territorio.”[12] Para Noam Chomsky: “permítame que lo repita: las políticas de Hamas en mi opinión son inaceptables, pero son preferibles a la vez a las de Estados Unidos e Israel”[13].

 

En la carta fundacional de Hamas (1988) hay propósitos inaceptables, así, en el artículo primero, capítulo séptimo se dice:

 

El profeta, que la bendición y la paz le sean dados, ha dicho: “El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan contra los judíos (matándolos); hasta que los judíos se escondan detrás de piedras y árboles, los cuales gritarán: ¡Oh, musulmán!, ¡hay un judío detrás de mi, ven a matarlo! Sólo el árbol Gharkad, que es un árbol judío, no lo hará”[14].

 

Y en el Artículo 15 dice: “Debemos grabar en las mentes de las generaciones musulmanas que el problema palestino es un problema religioso, el cual debe solucionarse sobre esa premisa”[15] .

 

La organización Hamas haría un gran aporte a la perspectiva de la justicia si reconociera la existencia del Estado de Israel exigiendo el cese al holocausto palestino.

 

V

 

La conciencia de los judíos aparece como trágica. De ser un pueblo sin sociedad ni Estado, errante y sumido en la existencia de guetos, ser exterminados  en los campos de concentración nazi y en los gulags estalinistas, han pasado a aceptar un Estado que niega a los palestinos su vida, su territorio, su derecho a existir como sociedad y a tener un Estado.

 

Las horas y los días cuentan en la suerte de Palestina. Su territorio está ocupado y controlado. Su pueblo está siendo asesinado en forma permanente, sometido al hambre, la censura total y el terror psicológico. Está en curso la separación de Gaza y Cisjordania.

 

La política guerrerista de Israel aparece como la reedición de la estrategia de Adolfo Hitler: la solución final. El exterminio, el exterminio, el exterminio. Israel es el único Estado en el mundo que no tiene fronteras internacionales declaradas porque el anexionismo territorial es su objetivo.

 

El gran intelectual Judío Noam Chomsky, ante la pregunta:

 

M.G.: Cuando dice que las prácticas del Estado israelí son similares a las de Hitler, ¿no está justificando que lo llamen antisemita?

N.C: Yo nunca he comparado las políticas de Israel ni las de ningún otro país con las de Hitler. Hitler fue excepcional. Representa un desarrollo particularmente horrendo en las cuestiones humanas. No creo que haya nadie más como él. Sin embargo, sí que digo que algunas de las políticas mencionadas resulta que se parecen a las suyas. Las palabras de Hitler al ocupar Checoslovaquia: así es como hablan las grandes potencias. Deberíamos reconocerlo. Eso no significa decir que todos los demás están cometiendo un Holocausto, claro que no, eso fue algo excepcional. Sin embargo, deberíamos reconocer las similitudes, los métodos de planificación, las formas de pensar, cuando estas están presentes.[16]

 

En su momento, Edward Said, al hacer el balance y pensar las perspectivas de los palestinos, advirtió: “Obviamente, existe la posibilidad de que los palestinos acaben de manera parecida a los indios norteamericanos; pero es probable (aunque no seguro) que la demografía, la actuación contraproducente y la estupidez de la arrogancia oficial lo eviten.”

 

Existe la posibilidad, esto es lo que está sucediendo, con torpeza, bestialismo y fanatismo. Pero está sucediendo el exterminio. Israel es un Estado que rechaza el Derecho Internacional y la coexistencia pacífica que ello implica, desacatando las decisiones de la ONU.

 

Un millón de palestinos en Cisjordania, millón y medio en Gaza, un millón doscientos mil en Israel como ciudadanos de segunda, dos millones en Jordania y una diáspora de cuatro millones quinientos mil en los territorios árabes y en el resto del mundo, constituyen la geografía humana del pueblo palestino al que se le niega a vivir en sociedad y con su propio Estado. Antes de 1948, los judíos poseían el 6% de las tierras, hoy dominan la mayoría del territorio.

 

Los palestinos ‘viven’ en guetos dispersos y Gaza es un gran campo de concentración, con todo tipo de vigilancia y represión por parte del ejército israelí, que aplica parecidas técnicas de control y destrucción de los palestinos, a las utilizadas por los nazis contra los judíos.

 

VI

 

Los palestinos nunca han tenido un genuino proceso de paz. Lo que se les ha ofrecido por parte de los Estados Unidos, la Comunidad Europea y las naciones árabes, como Egipto, es la aceptación de las conquistas coloniales realizadas por Israel.

 

La ONU rechazó la violencia de Israel en la Declaración 242 de 1967, que condenó la ocupación de Gaza, Cisjordania y demás territorios. Más aún, entre 1948 y el 2003, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó más de 200 resoluciones atinentes, directamente a favor de la causa palestina, de las cuales 39 fueron vetadas por Estados Unidos[17]. Ninguna resolución ha sido aceptada por Israel.[18] La presencia de las Naciones Unidas en Gaza ha sido boicoteada, sus instalaciones de hospitales, escuelas y centros de alimentación han sido destruidos por Israel!! 

 

Explícitamente, los Acuerdos de Oslo de 1993, y las pretensiones del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton en Camp David, buscaron escamotear la devolución de los territorios a como estaban antes de 1967. Con cualquier pretexto Israel ha lanzado reiteradas agresiones, que incluyen bombardeos a la sede del gobierno, el Parlamento y la destrucción de los archivos de la identidad palestina: censo, estadísticas, organización administrativa.

 

Un balance que relativiza mi juicio es el de Noam Chomsky:

 

Los más importantes son los Acuerdos de Ginebra, hechos públicos en Ginebra en diciembre de 2003. Allí se propone una solución parecida al problema de los refugiados: algunos regresarían a Israel, otros a Palestina, de manera que se respete el equilibrio demográfico de Israel. Pero se trata de un acuerdo informal que sólo puede llevarse a la práctica si los signatarios, y el mundo, lo aceptan formalmente. Israel lo rechazó, igual que los Estados Unidos. Las negociaciones prosiguen, pero sólo producirán resultados concretos si las aceptan los Estados Unidos, y cuando estos las acepten.[19]    

 

Todo el plan económico y de infraestructura en Gaza, Cisjordania, Jerusalén y otros territorios han sido desarrollados por Israel directamente, como el sistema de carreteras, el manejo de los acueductos y el agua, o indirectamente, como sucede con el aeropuerto internacional de Gaza, construido con financiación internacional pero con control israelí.

 

Las relaciones entre Estados Unidos e Israel han sido estrechas y constantes. Los capitalistas y políticos israelíes tienen grandes intereses financieros y mediáticos. Ejercen influencia y protagonismo en la Casa Blanca y en el Congreso, y por tanto, en la política de la gran potencia. Todas las mal llamadas iniciativas de paz que los gobiernos de Estados Unidos impulsan, trátese de Clinton y Bush, han estado en la perspectiva de afianzar los intereses de Israel.

 

El nuevo gobierno de Obama busca revitalizar iniciativas que muestren cambios a favor de la paz, sin que en esencia ocurran. Es la política del gatopardo, que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton -declarada pro-israelí-, va a ejecutar. La política de Obama en el Medio Oriente será más multilateral, buscando apoyarse en las iniciativas de la Comunidad Europea y de Egipto, lo cual no altera la ecuación de injusticia contra los palestinos. De acuerdo a Serge Halimi, director de Le Monde Diplomatique:

 

Con estos respaldos, el proyecto de los grandes partidos israelíes parece claro: destruir la perspectiva de un verdadero Estado palestino cuya creación es un objetivo reconocido internacionalmente. Cortada por muros y barreras, plagada de colonias, Cisjordania seguirá siendo un conglomerado de bantustanes mantenido por goteo por la Unión Europea. Y Gaza será bombardeada cada vez que su vecino decida “responder”, de manera desproporcionada, a atentados o tiros de cohetes. En el fondo, tras sesenta y un años de derrotas, humillaciones, de exilios, de violaciones a los acuerdos firmados, de colonización, de guerras fratricidas, cuando los gobiernos del mundo entero los abandonaron a su suerte y autorizaron que el derecho internacional, incluido el humanitario, fuese pisoteado, es casi un milagro que los palestinos conserven la determinación de concretar un día su identidad nacional.

 

Si lo logran, no se lo deberán ni a los europeos, ni a los estadounidenses, ni a la mayoría de los gobiernos árabes. En Gaza, una vez más, todos se comportaron como cómplices del interminable despojo de un pueblo.[20] 

 

La paz en Palestina requiere superar la hipocresía occidental, devolver los territorios ocupados desde 1967, la reparación y el retorno de los exiliados y el reconocimiento de los palestinos a su autodeterminación. Edward Said extrae esta lección:

 

Curiosamente, la milenaria historia Palestina proporciona al menos dos precedentes que permiten pensar en estos términos seculares y más modestos. En primer lugar, Palestina es y ha sido siempre una tierra de muchas historias; constituye una radical simplificación pensar en ella como principalmente -o exclusivamente- judía o árabe, ya que, aunque desde muy antiguo ha habido una presencia judía, esta no ha sido ni mucho menos la principal. No solo los árabes, sino también los cananeos, moabitas, jebuseos y filisteos en tiempos antiguos, y 1os romanos, otomanos, bizantinos y cruzados en épocas más modernas, han vivido en este lugar, que de hecho es multicultural, multiétnico y multirreligioso. En realidad, pues, apenas hay justificación histórica para la homogeneidad, como tampoco para las ideas de una actual pureza nacional o étnica y religiosa. Palestina es un lugar irreductiblemente mixto. En segundo término, durante el período de entreguerras, un pequeño pero importante grupo de pensadores judíos (Judah Magnes, Buber, Arendt y otros) defendían y hacían campaña por un estado binacional. Naturalmente, la lógica del sionismo aplastó sus esfuerzos, pero la idea sigue viva hoy en algunos judíos y árabes que, frustrados por las evidentes insuficiencias y depredaciones del presente, exigen una visión binacional nueva o reavivada. La esencia de dicha visión es la coexistencia y la coparticipación, de formas que requieren una voluntad innovadora, arriesgada y teórica para superar el árido punto muerto de la afirmación, el exclusivismo y el rechazo. Una vez realizado el inicial reconocimiento del Otro como igual, creo que el camino hacia  delante se hace no solo posible, sino también atractivo.[21]

 

Los pueblos palestino y judío deben aceptar reconocerse en una coexistencia pacífica, laica y democrática. Un Estado con dos pueblos y dos naciones, con igualdad ciudadana y pluralismo político debe ser discutido como solución de fondo, legitimado en todos los escenarios posibles.

 

Hay que lograr un denominador común, discursos comunes con diferencias, buscar y construir tanto un imaginario como procedimientos y tareas para superar la exclusión y cultivar la reconciliación.

 

La connotada Filósofo judía Hannah Arendt, escribió:

 

Es cierto que muchos judíos no fanáticos de buena voluntad han creído que la partición es un medio para resolver el conflicto judeo-árabe. Sin embargo, a la luz de la realidad política, militar y geográfica, esto no se puede considerar más que una ilusión. La partición de un país tan pequeño sólo puede significar, como mucho, la petrificación del conflicto, que entorpecería el desarrollo de ambos pueblos; en el peor de los casos significaría una etapa temporal durante la que ambas partes se prepararían para una nueva guerra.[22]

 

La fuerza moral de la causa palestina debe transformarse en una fuerza política de alcances internacionales, y para ello es necesario que los judíos de todo el mundo y de Israel vean esta causa como justa y digna. La propuesta de un solo Estado y dos pueblos y naciones con pluralismo y democracia es la postura de Colombia en las Naciones Unidas, en el subcomité sobre Palestina, durante el gobierno de Mariano Ospina Pérez y siendo el representante de Colombia en la ONU el expresidente Alfonso López Pumarejo. Especialmente, el tercer proyecto del subcomité, donde propone un Estado democrático unitario (Ver Anexo 1)[23].

 

Comentario Final

 

El balance de la reciente masacre a Palestina por parte del Estado israelí constituye una victoria pírrica para los sionistas. Aunque tampoco es el triunfo que proclaman los de Hamas.

 

Aparece más adecuado lo que el periodista judío Ethan Bronner sintetiza:

 

¿Acaso las tres semanas de apabullantes ataques israelíes en Gaza han debilitado a Hamas, o simplemente causado sufrimiento humano extremo? Israel sabía que no podía destruir todos los misiles o matar a todos los militantes de Hamas. Alegó que su objetivo principal era la disuasión. ¿Misión cumplida?

 

…Sea como sea, el daño real infligido a Hamas parece limitado, en parte porque el grupo actuó con cautela. La ironía es que Israel, el Estado con el ejército bien entrenado, puso todas sus fuerzas en el ataque, mientras que Hamas, la milicia islamita que presuntamente acoge la muerte, rehuyó los combates.

 

A decir de todos, el grupo pudo conservar una porción sustancial de su fuerza. Se reportó la muerte de cientos de combatientes de Hamas, pero de acuerdo con estimados generales, la fuerza total del grupo asciende a varios miles de individuos. Varios funcionarios militares israelíes reportaron que vieron a muy pocos combatientes en el campo de batalla. Salieron principalmente de manera individual o en grupos de dos, y sólo unos cuantos intentaron cometer bombazos suicidas.

 

Quienes conocen a Hamas en Gaza señalan que esto fue resultado de una estrategia cuidadosa.

 

“En ocasiones anteriores, los combatientes confrontaban los ataques israelíes y se arrojaban en la batalla”, expresó un hombre que se negó a identificarse. “Era especie de suicidio. Era un amor por el martirio.”

 

“Esta vez, fue diferente. Tienen más experiencia y han recibido entrenamiento de Siria e Irán. Les ayudaron a replantear su estrategia.”[24]

 

¿Qué seguirá? Depende mucho de la actitud de los pueblos árabes y de la movilización internacional.

 

***

 

El autor es Abogado de la Universidad Santiago de Cali; Magíster en Filosofía de la Universidad Nacional y Doctor en Historia de la Universidad Nacional. Profesor Asociado del departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia.

ANEXO 1

II. Comité especial de las Naciones Unidas sobre Palestina, Informe del segundo subcomité (1947), a/ac. 14/32 y ap. 1

 

En Mayo de 1947 la Asamblea General de la ONU creó un comité especial para elaborar un plan destinado a resolver el conflicto en el Mandato de Palestina. Ese comité estaba formado por representantes de Australia, Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, India, Irán, Los Países Bajos, Perú, Suecia, Uruguay y Yugoslavia. En último término siete miembros respaldaron la partición; tres (India, Irán y Yugoslavia) se pronunciaron por Estado federal, y Australia se mantuvo al margen sin optar por una posición u otra. La Asamblea General se constituyó entonces en Comité para estudiar esos informes y se creó un subcomité para examinar la opción de la partición y otro para analizar otras opciones. El segundo subcomité estaba formado por representantes de Estados con población mayoritariamente árabe o musulmana, aparte del de Colombia: Afganistán, Arabia Saudi, Egipto, Iraq, Líbano, Pakistán, Siria y Yemen. Su informe ofrecía una revisión completa desde el punto de vista legal  del estatus de Palestina bajo el Mandato de la Sociedad de las Naciones de 1922, analizaba las obligaciones de la potencia mandataria (Gran Bretaña) con respecto a la población indígena de Palestina, describía la situación social derivada de la inmigración judía en masa, y brindaba una evaluación de la partición como solución para el conflicto. En sus conclusiones el subcomité ofrecía tres proyectos de resolución. El primero remitía toda la cuestión de la partición –especialmente con respecto a los derechos de la población indígena- al Tribunal Internacional de Justicia. El segundo pedía esfuerzos colectivos para repatriar a los refugiados judíos a sus países de origen u otros “territorios de miembros de las Naciones Unidas”, arguyendo que Palestina no podía absorber más refugiados “sin un serio perjuicio para la economía del país y los derechos y situación de la población indígena”. El tercero, del que ofrecemos aquí un extracto, proponía un Estado democrático unitario en el Mandato de Palestina; su disposición final elude el habitual riesgo de la representación proporcional garantizando que cualquier cambio constitucional que afecte a los derechos de una minoría debe responder a la voluntad de esa minoría cualquiera que sea su tamaño. El texto completo del informe del subcomité (A/AC.14/32 y Ap. I) se reproduce en Walid Khalidi, “63 Binationalism not Partition”, en From Haven to Conquest. Readings in Zionism and the Palestinian Problem Until 1948 (Washington DC, Institute for Palestine Studies, 1987) pp. 645-701.

 

 

PROYECTO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA CONSTITUCIÓN Y FUTURO GOBIERNO DE PALESTINA

 La Asamblea General,

 

(…)Reconociendo que la única solución en consonancia con los objetivos de la Convención de la Sociedad de Naciones y los principios de la Carta de las Naciones Unidas debería ser aceptable por la mayoría del pueblo de Palestina,

Convencida de que la partición de Palestina es injusta, ilegal e impracticable, y de que la única solución justa y viable es el establecimiento inmediato de un Estado unitario, democrático e independiente, con salvaguardias adecuadas para las minorías,

Creyendo que es necesaria, en interés de todos los afectados, una transferencia de poder pacífica y ordenada del Mandato al gobierno de Palestina,

 

Recomienda

 

  1. Que se establezca en Palestina, tan pronto como sea posible, un gobierno provisional, representativo de todos los sectores importantes de la ciudadanía, en proporción a su peso numérico;
  2. Que los poderes y funciones de la actual administración de Palestina sean transferidos al gobierno provisional tan pronto como se constituya éste.
  3. Que la potencia mandataria inicie la retirada de sus fuerzas y servicios de Palestina tan pronto como se instale el gobierno provisional, completando la retirada en el plazo de un año;
  4. Que el gobierno provisional promulgue, tan pronto como sea posible, una ley electoral para la creación de una Asamblea Constituyente, prepare un registro electoral y celebre elecciones a la Asamblea Constituyente;
  5. Que  la Asamblea Constituyente funcione también como cuerpo legislativo y que el gobierno provisional sea responsable ante ella hasta la elección de una cámara legislativa bajo la nueva Constitución;
  6. Que aunque la tarea de elaborar una Constitución para Palestina debe dejarse a la Asamblea Constituyente, deberán respetarse estrictamente los siguientes principios básicos:
  1. Palestina será un Estado unitario y soberano.
  2. Tendrá una Constitución democrática, con una cámara legislativa elegida y un ejecutivo responsable de ella.
  3. La Constitución ofrecerá garantías para los lugares sagrados cubriendo su inviolabilidad, mantenimiento, libertad de acceso y libertad de rezo de acuerdo con el statu quo;
  4. La constitución garantizará el respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, lengua o religión y la libertad de creencias y prácticas religiosas de acuerdo con el statu quo (incluido el mantenimiento de tribunales religiosos separados para ocuparse de cuestiones de estatus personal);
  5. La Constitución reconocerá el derecho de las instituciones religiosas u otras asociaciones e individuos a mantener, además de los establecimientos educativos administrados por la autoridad pública, instituciones de enseñanza propias, sometidas a la normal supervisión e inspección por el gobierno 
  6. La Constitución reconocerá el derecho de los judíos a emplear el hebreo como segunda lengua oficial en las áreas en las que sean mayoritarios;
  7. La ley de naturalización y ciudadanía exigirá, entre otras condiciones, que el solicitante resida legalmente en Palestina durante un periodo continuo que será determinado por la Asamblea Constituyente;
  8. La Constitución asegurará una representación adecuada en la cámara legislativa a todos los sectores importantes de la ciudadanía en proporción a su peso numérico;
  9. La Constitución dispondrá un reflejo adecuado en el ejecutivo y en la administración de la distribución de los representantes en la cámara legislativa;
  10. La Constitución autorizará al legislativo a habilitar autoridades locales  con amplia discreción en cuestiones relacionadas con la educación, la salud y otros servicios sociales;
  11. La Constitución establecerá la creación de un Tribunal Supremo, cuya jurisdicción incluirá, inter alia, la capacidad para pronunciarse sobre la validez constitucional de todas las leyes, y estará abierta a que cualquier parte que se considera agraviada pueda recurrir a ese tribunal;
  12. Las garantías contenidas en la Constitución con respecto a los derechos y salvaguardias de las minorías no estarán sometidas a enmienda o modificación  sin el consentimiento de la minoría afectada, expresada por una mayoría de sus representantes en la cámara legislativa.           

[1] Ver: C. Marx y F. Engels. La guerra civil en los Estados Unidos. Buenos Aires: Lautaro, 1964. Parte II. Correspondencia, p. 265.  

[2] Ver: T. Segec. En Gaza, Goliat habla Hebreo. En: Le Monde Diplomatique, Año VII, No. 75, Febrero 2009.

[3] E. Said. La actual y clara realidad. En: El fin del proceso de paz. Nuevas Crónicas Palestinas. Nueva edición revisada y ampliada (1995-2002). Barcelona: Mondadori, 2002, p. 179-180.

[4] E. Said. Nuevas Crónicas Palestinas, cit. p. 34.

[5] Ver: R. Burgos Cantor. La Ceiba de la Memoria, Editorial Seix Barral, Bogotá, 2007.

[6] Santa Biblia, Génesis XV, 18-21. Bogotá, Sociedad Bíblica Colombiana, 1960.

[7] Declaración al Sunday Times, junio 15 de 1969.

[8]G. Agamben. Lo que queda de Auschwitz. Homo Sacer III. Capítulo 2: El Musulmán. Valencia: Pre-Textos, 2005, pp. 41-89.

[9] V. Grossman. Vida y Destino. Barcelona, Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, 2008, p. 245.

[10] D. Zolo. La justicia de los vencedores. De Nuremberg a Bagdad. Madrid, Editorial Trotta, 2007, p. 148-149.

[11] T. Alí. El gueto de Gaza y la hipocresía occidental. 04-01-09. En: http://www.sinpermiso.info. Además de Ali, entre otros escritores e intelectuales que han expresado su opinión sobre la tragedia palestina, están: Claudio Katz, Jean Bricmont y Diana Johnstone, Michael Warschaski, Fabián Harare, Emir Sader, Robert Fisk, Carlos Fazio, cuyos artículos pueden encontrarse en www.sinpermiso.info, www.rebelion.org,

[12] T. Alí.  El Gueto de Gaza y la hipocresía occidental. cit.

[13]N. Chomsky.  Palestina desde Dentro. Barcelona, Hacer editorial, 2008.

[14] Carta Fundacional de Hamás (1988): Muerte a Israel y a los Judíos. Tomado de Le Monde Diplomatique, Año VII, Número 75, Febrero 2009.

[15] Carta Fundacional de Hamás, cit.

[16] N. Chomsky.  Líbano desde Dentro. P, 104-105. Ver de Ricardo Sánchez Ángel: “El Holocausto Palestino desde Nuestra América”. En: Sin fundamento, Revista de Filosofía Colombiana, p. 87-96, No. 9, Marzo de 2008, Facultad de Filosofía, Universidad Libre de Colombia.

[17] Para una relación de estas resoluciones, ver: Desprecio del Derecho, Tomado de Le Monde Diplomatique. cit,. P. 5 a 7.

[18] Ver: V. Tilley Palestina-Israel: Un país, un Estado. Madrid: Akal, 2008. Ver igualmente: Varios autores. “La respuesta pacifista. Conversaciones con miembros israelíes y palestinos de los movimientos por la paz”. Madrid: Catarata; Varios autores. “Historia del otro. Una doble mirada al conflicto árabe – israelí”. Oxfam; M. Warschawski. En la frontera. Barcelona: Gedisa; R Sánchez. La emancipación de los derechos humanos. Bogotá: Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de Colombia. 2007.    

[19] N. Chomsky. Líbano desde dentro, cit. p. 85.

[20] S. Halimi: Un pueblo abandonado. Tomado de Le Monde Diplomatique, Op. Cit. p. 40. Ver de D. Zolo, La justicia de los vencedores: de Nuremberg a Bagdad, cit. 

[21] E. Said. Verdad y reconciliación. En: El fin del proceso de paz. Nuevas Crónicas Palestinas. cit. p. 95.

[22] H. Arendt.  “To Save the Jewish Home-Land. There is Still Time”. En: Commentary, Mayo 1948. Ver de V. Tilley, Palestina Israel, Un país un Estado. cit.

[23] Le agradezco al profesor de derecho internacional de la Universidad Libre Eduardo Kronfly la indicación sobre la conducta colombiana.

[24] The New York Times. Selección semanal en El Espectador, Bogotá, 26 de enero de 2008. 

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